COMPAÑEROS DE CAMPSARED



"Podeis decir lo que pensais de vuestros encargados, de los objetivos, de la venta activa, de los cursos, de Sumando valores, seguridad, promotores del cambio, sindicatos, y todo lo que querais. Hubo en tiempos un blog de un compañero en donde mucha gente dejó sus comentarios, hoy no existe y como alternativa nace CAMPSARED BLOG, para reunir a todos los que somos COMPAÑEROS DE CAMPSARED"



Este blog, como indica en la cabecera, originariamente fue creado por un compañero llamado EXPENDEDOR-VENDEDOR el 20 de noviembre de 2008 pero problemas técnicos le impidieron actualizarlo, lo que dio pie a la creación de esta segunda etapa renovada que es la que se abre a continuación.
Como aquel, mantiene la idea de tener una plataforma de comunicación, de reivindicación y sobre todo un medio de expresión para todos los trabajadores de CAMPSARED y de REPSOL, y a la que quedan invitados cualquiera de los trabajadores de EESS sean cuales sean sus marcas.



Bienvenidos todos a este foro de diálogo e información.



Recordar que si visitais esta página por primera vez, para conocer el contenido completo de este blog desde su nacimiento, deberíais comenzar por el antiguo blog pinchando en este enlace:

'www.campsaredsprint.blogspot.com'





18 de febrero de 2011

REGRESO AL FUTURO (2ª PARTE) Versión extendida

VERSION EXTENDIDA, MUUUUY EXTENDIDA 
*Ojo, leer antes la 1ª parte 


La tienda era espectacular, como una discoteca de la costa. Varias torretas con productos, muchos juegos de luces, había pantallas grandes con imágenes, espejos, música, y varios  rayos laser que dibujaban figuras de refrescos en 3D sobre una plataforma giratoria.  Y las neveras y las baldas estaban adornadas con luces led  y múltiples pantallas alargadas de video donde anunciaban promociones,  tantas que no sabía si estaba en una tienda de chocolatinas  o de discos blue ray.

La gente ya no pagaba con tarjeta, ponía la palma de la mano sobre una placa oscura de cristal, y ésta aceptaba el crédito según tu huella dactilar, "Sr. Antúnez, crédito ilimitado".  Miedo me dió que me pidieran el saldo de mi mano. "Joaquín Rodríguez, saldo total 7,50 €",  ¡Vaya tela!.

Me sorprendió que los expendedores fueran viejos, pero más viejos que la tana, como mi abuela, tenían más de setenta. Andaban con dificultad, la expendedora tenía gafas de culo de botella, era bajita y un poco jorobada la pobre, se equivocaba sin parar por que su vista no daba para mucho a estas alturas.  Erró varios prepagos, y cuando eso ocurría, castañeteaba los dientes irritada debido al uso de una prótesis dos tallas superior, que le agrandaba la sonrisa y la boca, y eso la afeaba aún más.

Su compañero era otro caso,  barrigudo, calvete, con la ropa ceñida mostrando parte del ombligo, y estirando hasta el límite la publicidad que lucian en sus polos, etiquetados de anuncios comerciales desde el cogote a la cintura.  Leche Pascual, Banco de Santander y Telefónica eran algunas de las marcas que pude distinguir.

Eran dos viejos entrañables.  En la zona de caja tenían las fotos de sus nietos, y varios botes de pastillas y cápsulas con que calmar sus muchos males. La expendedora, de cuando en cuando, incómoda seguramente por el tamaño de aquella prótesis descomunal, se quitaba la dentadura y la guardaba dentro de un vaso de cristal que ocultaba junto a la bollería.
Me pregunté por que no estaban dando de comer a las palomas en un parque, pero...¡Caramba!,  toda la gente que había a mi alrededor eran ancianos, estaba en 'Jubilandia'.
- ¿Esto que es?, ¿Benidorm? - Le pregunté a otra abuela que iba vestida con uniforme de expendedora-vendedora, y que me pellizcó un carrillo diciéndome con su sonrisa desdentada:
- Que chico más simpático, ¿Quieres un caramelo? -

¿Que ocurría allí?,  - ¿Es la gasolinera del INSERSO? - Le pregunté inocentemente al viejo
- Mi joven amigo -,  respondió el carcamal ,  "Hace diez años volvieron a ampliar la edad de jubilación hasta los setenta y cinco años" -
- ¡No me jodas! - Grité desde lo mas profundo de mi alma, y entonces todo el mundo volvió la vista, - la poca que tenían -,  y toda aquella peña de abueletes, canosos, casposillos y con artritis se me quedó mirando, unos alerta por si robaba sus carteras, y otros serenamente, con esa santidad que sólo otorga la vejez.

¿Que habíamos hecho?, Estaba en el planeta de los rancios, todos estaban en las últimas, cojeaban, tenían temblores en las manos, tos carrasposa y problemas de memoria.  Iban andando despacito de un lado al otro de la pista, y por la tienda, con esos pasos cortos, inseguros y delicados con que caminan los abueletes  ayudados de su bastón.

¡La virgen!, Cuando me di la vuelta aparecieron varios expendedores más, era el relevo, más ancianitos adorables. Una expendedora fondona, con permanente y rizos blancos, como con una nube de algodón cubriendo su cabeza, con las gafas colgadas en el cuello de un cordón, y otro que andaba en taca-taca, tan ufano, tan sonriente, dando zancadas decididas en su artilugio de metal  "¡Ya sólo falta un año para que me jubile!" - decía contento - Esto hay que celebrarlo con un 'chupito' de jarabe para la tos -

Estaba alucinando.  Me salí del camino de baldosas amarillas.  Un 'segurata' de unos 80 años me llamó la atención  - "En mis tiempos no se colaba nadie, ¡Bribón!" -
Era una pesadilla, me tembló todo el cuerpo, y no encontraba a mi taxista del espacio, tropecé, la gente me miraba como quien ha descubierto un bicho raro, un espécimen sin catalogar.  Mi indecisión formó cierto revuelo.  El segurata siguió con su retahíla - "En mis tiempos la gente respetaba la fila..." -
Un puñado de viejos se puso a criticarme: - "¡Menuda juventud!,  ¡Golfo!,  ¡Hermafrodita!" -

Al oído de las voces, y ajustándose el sonotone en una oreja, salió de la oficina el encargado, un tipo chiquitajo, de unos 70 años, con los pantalones cagados, como si tras la ropa, llevara unos dodotis.  Andaba como todos, manejando su artrosis con fastidio, cojeando, y se apoyaba en un bastón delgado, azul oscuro,  de aluminio.  Un dibujo que mostraba en un lateral, me descubrió que era un bastón corporativo, decía: "Repsol, por la integración de los abuelos"

Aquel sujeto calvo, que como dije andaba a pasos cortos, se detuvo ante mi, miré sus ojos, y tras aquellas lentes gruesas descubrí una mirada conocida, ¡¡LA MÍA!!.

Ambos quedamos aterrados, ¡Estaba ante mi mismo en el futuro!.  Entre nosotros no medió palabra, solo un pánico horrible dentro del calzoncillo,  y al menos él llevaba dodotis.  ¡Era yo mismo, había ascendido, cumplido los setenta, pero aún estaba trabajando, intentando alcanzar el mínimo exigible para conseguir la pensión!
Entre el tumulto y la sorpresa le oí decir: "No siento las piernas" antes de caer fulminado ante mis ojos.

El expendedor del taca-taca fue el primero en llegar - Hay que llamar a una ambulancia, es un infarto -
Con sus 69 años, aquella expendedora del pelo de algodón trató de hacer una llamada sin acertar los números en varias ocasiones, por que además era miope perdida,  y tenía lapsus de memoria  - "¿Donde decíais que tenía que llamar?"
Afortunadamente, vino enseguida una ambulancia.  Los enfermeros, dos ancianos de unos 67 y 70 años, se apresuraron, - algo que lógicamente es un decir - a trasladar el cuerpo de mi  'yo'  hasta el vehículo.
Uno de ellos tenía un soplo en el corazón, y otro ciática, así que se tomaron algún tiempo en el traslado.  Apenas tenían fuerza para llevar esa camilla que contenía mi 'cuerpo' cada vez más ausente.

Con las prisas y nervios, el conductor que estaba en prácticas a sus 70 años, equivocó las lentes de lejos y de cerca, y al arrancar chocó con un repartidor de pizzas que tendría por lo menos 65 años.

El caos produjo que otro coche conducido por otro octogenario, se estrellara contra uno de aquellos surtidores transparentes tan bonitos que saltó en mil pedazos entre explosiones, llamas y gritos de terror.  El escenario se convirtió de pronto en la 'jungla de cristal'.
- La he 'liao' parda - Le dije al hombrecillo.
- Volvamos al pasado - Me advirtió - Cualquier intervención podría causar una terrible paradoja -
- ¿Eso que es?,  ¡Como cuando nos falla la Solred  los días de más jaleo? -

El 'segurata' salió a ordenar el tráfico. -  "En mis tiempos no había tanto gamberro" - Repetía.
La discusión se interrumpió cuando se presentaron ruidosos y apresurados los bomberos.  Era un grupo de fortachones aguerridos también de edad provecta.  Descendieron de su vehículo, no sin dificultades, por que los años no perdonan, y entre los seis tendrían quinientos años por lo menos, y eso le deja la espalda deslomada a cualquiera.
Rescataron a los heridos pero enseguida se marcharon pues uno de ellos del esfuerzo, se les cagó en los pantalones y tuvo un golpe de ansiedad después.

Mientras tanto, el cuerpo de mi 'yo' seguía en el suelo, triste, sin color, sin aliento, sin jubilación...
La expendedora de dientes de caballo había acotado el sitio con dos conos y el cartel amarillo de suelo deslizante.  La que estaba sin dientes me puso encima un cartel de 'Fuera de servicio' y me miraron.
- Si nos hubiesen enviado ya al cursillo de primeros auxilios -  Comentaban.

El 'segurata' seguía ordenando el tráfico: "En mis tiempos los bomberos eran unos machotes"

Entre los conductores que estaban repostando, había un médico de un hospital cercano de unos 77 años, que ayudado por su enfermera de 72, se hicieron cargo de la situación.
- ¡No pasa nada, tranquilos, todo está controlado! -

El galeno se puso manos a la obra.  Comenzó a ejecutar con ritmo y diligencia un masaje cardíaco al monigote de mi mismo.  Todo iba bien hasta que se descoyuntó el hueso del brazo del esfuerzo.
La enfermera se puso a hacerme un boca a boca,
-Quedarse quietos, quedarse quietos - Repetía.

Tras tres o cuatro intervenciones y alguna manipulación extraña, levantó la cabeza, nos miró a todos compungida y explicó: "Se me salió la dentadura y está encajada en su garganta, no la puedo sacar".

Un taxista de unos 95 años, introduciendo sus dedos en la boca, trató sin éxito de rescatar aquella dentadura encasquetada, pero no hubo manera.  En diez minutos, mi historia estaba terminada.
- ¡Con lo joven que era! - Comentaban.
- Aún le quedaban cinco años para la jubilación -
- No somos nadie -

Quedé pasmado, casi tan muerto como mi propio yo futuro, ¡Que desazón!, ¡Qué malestar de tripas!,  no es como ver morir a un hamster o al pez de tu pecera, era mi propio yo, mi vida, algo frustrante, como viajar a tu niñez y que tu madre te castigue sin salir, viajar hasta tan lejos para nada, para asistir a tu temprana (es un decir) despedida de este mundo.  Eso si que es ir a mear y no echar gota, el colmo de los colmos  como el ahorrar toda tu vida para viajar hasta Cancún, y que una vez allí te mate una tormenta tropical de fuerza 4,  ¡Habrase visto!
- Nunca debimos de venir - Me consoló aquel viejecillo - Nos marchamos -

No hubo acojone, ni tristeza, ni dolor, ni vergüenza en aquel regreso, tal vez algo de rabia de no poder intercambiar unas palabras con mi mismo ¡Quién me oiga!.  Saber si tuve esposa e hijos, de preguntarle a mi otro yo: ¿Y el Madrid que?  ¿Otra vez campeón de Europa?.  No se, saber cuando dejó de haber SPO's en las gasolineras, si Harry Potter seguía haciendo películas, o si el hombre llegó a la luna nuevamente...
Mi chofer me miraba.  Estaba hablando sólo como si echara en falta a mi otro 'yo'...

En un decir amen, como si un rayo se hubiera detenido, aparecimos nuevamente en el presente, con un frenazo de esos que queman ruedas en las 'pelis', estacionados junto al monolito, impregnados de olor a polvora centrifugada con estrellas de otra galaxia.
- Amigo mío, hemos de separarnos -  Me dijo el abuelete.
- ¡'Pa'chasco'! - Contesté - Tengo las calles llenas de domingueros queriendo repostar, y a mi el futuro..., como que no me ha convencido -

Un apretón de manos selló nuestra amistad, y antes de que arrancara su artefacto, no pude resistir hacerle una pregunta:  "¿Volveremos a vernos?"
- Tal vez en el futuro - Respondió.

Mientras daba el acelerón, le voceé los números de mi teléfono: - ¡Seis, ocho, tres, veinticuatro, noventa, dieciseis!, Si vuelve llámemé -

Supongo que ya no me escuchó.  Salió zumbando de este mundo.  El explosivo coche se esfumó en otro acelerón brutal frente a la zona de lavados.

- ¿Ha sido un ovni verdad? -
- ¡Si hombre!, ¡Y me ha 'dejao' un cargamento de naranjas de Marte! -

Parece broma, pero vendí la torre entera de naranjas a todos esos lechuguinos que estaban en la pista esperando:  "¿Unas naranjas marcianas?"
- Si, si, pongame dos, ¿Y son de Marte de verdad? -
- Pues ya lo ha visto, me las trae 'mi marciano favorito'




¿FIN?










Una producción de
Campsaredsprint2
para
Campsared Blog

Dirección
Anksunamun

Vestuario
el corte inglés

ambientación
Campsared S.A.

decorados
Repsol

Efectos especiales
La internete

peluquería
la de mi barrio

catering
la nevera S.A.


Expendedor..........................Julian Lopez

Viejales.........................Eusebio Poncela

Expendedora dentuda..............Nathalie Seseña

Expendedora sin dientes........... Marisol Ayuso

Expendedor gordo...................Alfredo landa

Expendedora refuerzo...........paisana del lugar

Expendedor taca-taca...........paisano del lugar

Encargado...........................Pepe Viyuela

Conductores ambulancia.......... Nacho Guerreros
Eduardo Gómez

Grupo bomberos...................Equipo Chanante

Médico...............................Mario Peña

Enfermera.........................Marivi Bilbao

Taxista.........................Ernesto Sevilla

Cliente naranjas..................Joaquín Reyes

Las viejas.........................dos paisanas

Nuestro agradecimiento a la Federación burgalesa
de Jubilados y pensionistas en la realización
de esta película.




Todos los personajes
que aparecen aquí
son ficticios,
cualquier parecido
con la realidad
es pura coincidencia


exteriores rodados en
E.S. ¿?

(Burgos)

2011

CAMPSARED BLOG










Aquella tarde, ya en mi casa, recibí este mensaje inesperado por el movil:

"Las SPO's se siguen vendiendo, pero en cápsulas,
Harry Potter ha hecho su peli nª 17:  'Harry Potter y su nieto. contra el mago de Andrómeda'
Y el hombre si, volvió a la luna, vive allí, y hasta tiene gasolineras de Repsol para los vuelos espaciales, estuviste en una de ellas.


Mando  foto de unos amigos en su día de libranza".
Trabajadores del futuro (Campsared Blog)
VOLVERÉ...
*



Antes de leer este relato deberías dirigirte a REGRESO AL FUTURO (1ª Parte) y leer el principio de esta historia.








POR FAVOR, NO DEJES DE VOTAR ESTE ARTÍCULO A CONTINUACIÓN. GRACIAS

14 de febrero de 2011

¿COMO PUBLICAR?: NI ZORRA IDEA

NO TENGO NI P... IDEA DE COMO PUBLICAR UN COMENTARIO.

Si ante la posibilidad de escribir algo te ha surgido el pensamiento anterior ? te ofrezco dos posibilidades:

        
  
a) Pulsar botón de DUDAS y realizar un cursillo completo.

O sabiendo que tu eres un negado para los temas de informática tirar por la calle de enmedio y recurrir al ACCESO FACIL en la columna de tu derecha, o desde aquí mismo


8 de febrero de 2011

REGRESO AL FUTURO (1ª PARTE)


Me ha ocurrido una cosa sorprendente, un hecho prodigioso, reconozco que algo difícil de explicar, pero también y es lógico, resultará difícil de creer.  Estaba yo la otra mañana, asustado de ver las torres de naranjas que almacenábamos en la estación, así que fui a la pista a despejarme, y mientras ponía guantes en sus compartimentos,  llegó aquel hombre extraño con su coche fantástico.

Enseguida me llamó la atención, era un tipo educado, de poca envergadura, misterioso, llevaba un traje gris marengo brillante, diferente, como si regresara de una boda en Las Vegas.  Su cuerpo enjuto, sus ojos distraídos  y una calvicie galopante, le conferían un aire entre gracioso y enigmático.
 Me preguntó en voz baja, temeroso, como esperándose una respuesta negativa, - "¿Tienen ustedes plutonio?, ¿No, verdad?, ¿Y alguna central nuclear cerca?" -
- Lo más cerca de Burgos para encontrar algo tal que éso está en la Tobalina, la central de Garoña, a unos 75 kms. de aquí, o si no ya en Guadalajara - Le respondí.
Frunció el ceño, consultó su reloj, que era espectacular como su coche, muy moderno, fulgurante, con muchos dígitos, botones y lucecitas que brillaban y del tamaño de una muñequera.
- ¡Vaya 'peluco'! - le dije,  - ¡Y vaya carro!,  parecen del futuro -
Me miró con ternura a los ojos esbozando media sonrisa - "Si yo le contara..." -  Respondió.
- Cuente, cuente... - le supliqué intrigado.   Era temprano,  y era fiesta,  así que desplegué toda  mi artillería de halagos, florilegios y encantamientos   para lograrle convencer.
- Tu en tu pueblo no tienes naranjas como éstas, ¿De que pueblo eres?.  Mira, tienen tal cantidad de vitaminas que, es  comerte una caja y se te pone tiesa, ¿A que te tienta? -
Lo cierto es que al final, le convencí para llevarse seis cajas de naranjas y un sustancial descuento con el queso, y sólo entonces, me confesó su historia alucinante.
Me dijo que venía del futuro, ¡Agárrate!, Del futuro, y no del mes que viene, ni de Semana Santa,  ¡Venía de treinta años después! ¡Acojonante!,  Como cuando te dan las nóminas antes de estar los sueldos ingresados, ¡Una pasada!  ¡Del futuro!

Se acercaron dos viejas que querían un café - ¡Aire, aire!,  ¡Está la máquina averiada! - Les dije.  Estaba entusiasmado, y por que no, también un poco receloso ¿No me estarás tomando el pelo carcamal?. ¡Tu te has 'metio' unos tripis en la fiesta de donde vienes, y estás que flipas! -
Volvió a reir, esta vez con sonoras carcajadas - Si no fuera por... -  y como recordando la realidad volvió a torcer el gesto, - Necesito plutonio para poder alimentar el condensador de fluzo  que genera la energía del coche -
- ¿Lo qué? - Le dije sorprendido - Abra usted el capó que le eche yo un vistazo -

Dicho y hecho.  A mi siempre se me dio bien eso de la mecánica, de modo que le eché un ojo al motor, le hice varios ajustes, y en diez minutos ya estuvo listo para alcanzar 300 a la hora.
- Ahora le echamos un Wynns limpia-inyectores, un poquito de aceite Kraft de trasmisiones, un litro de  2T.  Mezclamos unas guindillas machacadas con dos pastillas barbacoa, lo molemos, lo echamos al  depósito, le añadimos una botella de Blue Flame, después cogemos salsa Dippas, pero de la picante, dos botes de Red Bull, una litrona y unos taquitos de jamón. -  Estas dos cosas últimas no son necesarias pero amenizan mucho el trabajo, y ¡Que narices!,  encima vendo una paletilla.
- Al resultado le añadimos zumo de dos naranjas, una cucharada de bicarbonato, y a continuación llenamos el depósito de 98, damos un par de acelerones, y listo. -

Se ve que andaba un poco mosca, no estaba plenamente convencido e inquirió:  "¿Seguro que con esto va a alcanzar los Gigawatios de potencia necesarios?"
- En otra cosa no, pero en mecánica quántica no me gana ni Dios - Le aseguré - Coges la A-1 y en media hora te plantas en Madrid, 500  'giraostias'  de ésas te coge por lo menos -

Meneó la cabeza dubitativo - Si usted lo dice -
- Una vez le hice esto a mi tractor  - le serené -, y aquello era un cohete. Hubo unos catalanes que hasta le compusieron una canción.  Na na ná, na ná, na na ná,  ¿Le suena? -
Puso cara de imbécil, - Esto va a tirar 'tela', - le aseguré de nuevo, pero eso si,  le insté a que me explicara lo del viaje en el tiempo.  Le perdonaba la propina pero quería saber de aquella historia misteriosa y fantástica.  Estaba emocionado.
- Muy bien - Me dijo - ¿Tienes unos minutos? -
- Desdeluego, voy por los conos y me explica -

Después que hube cerrado surtidores y bloqueado la puerta, me acomodé a su lado dentro de aquel  coche flipante. - "¿No será usted uno de esos que abusa de los muchachos en los coches?" -
Me rogó que me serenara.  Me explicó que el futuro es algo serio, no lo puedes tomar a 'chufla', construimos nuestro futuro con cada paso del presente, nuestras acciones de hoy, determinarán nuestro mañana, debemos ser mejores para que el futuro sea un lugar más armónico y perfecto.  Me dió la 'chapa' diez minutos que tuve que aguantar con paciencia, como cuando te para un  picoleto y dices que si a todo, como cuando el Jefe de Zona te da consejos de trabajo, pues igual.  Se alargó tanto que tuve que salir hasta tres veces por que vinieron a repostar varios de esos que no respetan ni el domingo por la mañana.

Cuando volví a sentarme en aquel coche por tercera vez, el vejete arrancó el motor, y en un suspiro, tras dos acelerones como prueba, pisó a fondo y nos fuimos...  ¡¡Hostia puta!!  Se me pusieron de corbata mientras duró aquel viaje extraño.  Era una sensación mezcla de tunel de lavado y centrifugadora, como si andáramos metidos dentro de un microondas, un 'güevo' de calor, y un acojone en todo el cuerpo.

De pronto ¡Zas! , se hizo la luz, y tras hacer un trompo de los buenos, aparecimos en mitad de la pista de una gasolinera...  ¡¡Del futuro!!

Nos bajamos del coche, y el viejo me dijo que le acompañara sin chistar, que no hablara con nadie, que no tocara nada, que no me separase de su lado.  Yo estaba boquiabierto, los coches eran raros, acristalados en el techo, recubiertos de pantallas solares pequeñitas, como mosaicos de colores, como vidrieras de una catedral.  Y en la forma,  unos parecian huevos, y otros patatas aplastadas ¡Vaya flipe!

Los surtidores también eran distintos, unos de acero inoxidable, muy grandotes, con pantallas de plasma a cada lado y largos brazos como gruas, parecían un transformer en la posición de reposo, ¡Y el surtidor, hablaba tres idiomas! ¡Que pasada! Y mientras echabas combustible, los monitores daban publicidad e información del tráfico, ¡La leche!,   "Ha elegido usted plutonio enriquecido"

Los otros surtidores eran muy diferentes, transparentes, con la estructura de cristal, o de metacrilato, y unas mangueras de metal, finas, muy largas, niqueladas, como si fueran los tubos de una ducha.  El mecanismo quedaba al descubierto y era posible ver el combustible circulando por serpentines de cristal haciendo juegos de colores atrayentes, mientras cadenas y poleas hacían su movimiento acompasado y silencioso, perfecto y regular, moviéndose como la maquinaria de un reloj suizo, haciendo que fluyera el carburante.

Yo estaba con la boca abierta, marchaba a un metro de aquel hombre como un perrillo idiotizado, babeando, con temor a perderme como si fuera un niño en una feria. Y entonces, pasamos dentro de la tienda.

FIN 
DE LA PRIMERA PARTE

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1 de febrero de 2011

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