COMPAÑEROS DE CAMPSARED



"Podeis decir lo que pensais de vuestros encargados, de los objetivos, de la venta activa, de los cursos, de Sumando valores, seguridad, promotores del cambio, sindicatos, y todo lo que querais. Hubo en tiempos un blog de un compañero en donde mucha gente dejó sus comentarios, hoy no existe y como alternativa nace CAMPSARED BLOG, para reunir a todos los que somos COMPAÑEROS DE CAMPSARED"



Este blog, como indica en la cabecera, originariamente fue creado por un compañero llamado EXPENDEDOR-VENDEDOR el 20 de noviembre de 2008 pero problemas técnicos le impidieron actualizarlo, lo que dio pie a la creación de esta segunda etapa renovada que es la que se abre a continuación.
Como aquel, mantiene la idea de tener una plataforma de comunicación, de reivindicación y sobre todo un medio de expresión para todos los trabajadores de CAMPSARED y de REPSOL, y a la que quedan invitados cualquiera de los trabajadores de EESS sean cuales sean sus marcas.



Bienvenidos todos a este foro de diálogo e información.



Recordar que si visitais esta página por primera vez, para conocer el contenido completo de este blog desde su nacimiento, deberíais comenzar por el antiguo blog pinchando en este enlace:

'www.campsaredsprint.blogspot.com'





24 de julio de 2012

¿Y NOSOTROS QUÉ?

Por maly


Repsol es una empresa seria.
Si, no me cabe la menor duda, cuando a sus directivos les suben los sueldos el 48% (léanse artículos adjuntos: Repsol gratifica a sus directivos con una subida de sueldo del 116 % (El Confidencial 28/07/11) y Los sueldos de los altos directivos (Expansión 9/04/12) ), que sitúan a Repsol entre las primeras empresas que mejor paga a sus directivos es para estar contentos. Orgullosos. Somos una empresa fuerte. Un 48% de subida ya esta bien, pero, ¿Y nosotros?

Diputados, los que están y los que salieron, con salarios de mas de 100.000 € al mes, banqueros con indemnizaciones millonarias, ministros cobrando sueldos de dos o mas empresas, expresidentes de gobierno forrados, y nosotros bajo las órdenes de jefes que cobran incentivos sin moverse de su sillón, mandándonos a sus compinches, amenazando, chantajeando, acosandonos cómoda y diariamente desde su blakberry, exprimiéndonos todo lo que pueden, para que encima traten, como decía una compañera, de arañarnos unos cuantos euros de aquí y de allá, escudándose en una supuesta falta de interés o en no haber alcanzado los objetivos acordados. Y encima tenemos que estar agradecidos, darnos con un canto en los dientes porque al final cobraremos mil miserables euros netos, después de dejarnos la piel y la salud mental.

Si, la salud mental he dicho, porque al final de la jornada, de todas las jornadas, de todos los días, de todos los meses, si por desgracia no hemos conseguido llegar al objetivo (que cada vez es mas frecuente dado el estado económico la mayoría), al dia siguiente tendremos alguna que otra bronca, tal vez la represalia o el capón que nos tacha de ineptos, y esto a algunos, nos quita el sueño querido anonymous -jefes en general-, aunque tu creas lo contrario.

Todo esto por nosotros, por la empresa, y al fin al cabo por nuestro elevado sueldito, que no es ni de lejos como el de tantos gerifaltes que lo unico que quieren es tener su cartera bien llena a costa del de abajo.

Asi que no me pidan que yo arregle algo que no estropeé. Que se bajen ellos los sueldos, que salgan ellos a ver como está el mercado. Menos teórica y más práctica, menos paseos y más estar al tajo. Menos vivir a nuestra costa ni ahora con la crisis, ni cuando vuelva la bonanza, pues nunca se acordaron de nosotros ni de los sueldos miserables que cobramos.


Basta mirar las nominas que tienen por Europa, pero estemos contentos, los directivos de Repsol son los mejor pagados del cotarro, nos representan y suben nuestra media hasta niveles muy apropiados, para que nos sintamos orgullosos.

Y el que se crea responsable de la crisis, que trabaje 16 horas y que cobre por 6; ya verá como se lo agradecen. Tal vez a alguno le dejen mojar pan, o llevarse las migas que sobran del mantel.

Ya sabemos que no cobramos de Repsol, pero a la hora de los beneficios ella es la que cuenta, no Campsared. No queremos un 48 %, pero... tal como están las cosas, parecemos los hijos tontos, y cobramos como tales.

Publicado por maly para Campsared Blog el 10 abril, 2012 09:54 y el 11 abril, 2012 22:25 - Adaptado por Anksunamun.



QUE SE BAJEN ELLOS LOS SUELDOS, QUE SALGAN ELLOS A VER COMO ESTA EL MERCADO, MENOS TEÓRICA Y MAS PRACTICA Y MENOS VIVIR A COSTA NUESTRA NI AHORA CON LA CRISIS NI EN EPOCA DE BONANZA QUE TAMPOCO SE ACORDARON QUE TENEMOS SUELDOS MISERABLES (Texto original)

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AÑADIDO DE ÚLTIMA HORA:

Fíjate por donde, ahora voy y leo en el face que el Sr. Brufau gana al año 7.600 millones MILLONES de euros
¡QUÉ PASADA!.  Yo no picaba tan alto, pero aun así es una pa-sa-da. Claro, ahora va y dice que las arcas del estado estarán muy satisfechas con lo que esta gente ingresa ¡QUÉ CAPULLOS!, ¡YO TAMBIÉN QUISIERA TRIBUTAR UN 66% CON ESOS SUELDOS!
http://www.publico.es/espana/439789/brufau-justifica-su-sueldo-de-7-6-millones-en-que-paga-mucho-a-hacienda

17 de julio de 2012

PESADILLA EN LA ESTACIÓN (4ª Parte)

El trabajo me estaba aplastando; las calles llenas, no tenia tiempo para hacer mas pan ni bollería, por suerte había conseguido vender algún rasca, unas tabletas de chocolate y algunas avellanas. En fin, cuatro mierdas para el jaleo que estaba teniendo. En un momento que tenía una cola de cinco clientes esperando, me llega otro, diciendo qué el aspirador nº 3 no aspira. Le digo que se ponga en otro. Me responde que están todos ocupados. Le devuelvo el dinero. Me dice que lo arregle. Le digo que no puedo. Me dice que ya no vuelve más. Le digo... bueno, ya no le digo nada, solo lo pienso, y no es reproducible en este Blog.

Un señor me dice que al descolgar la manguera ha salido un chorro de gasolina y que le ha manchado los zapatos, que es culpa mía por no estar donde debía estar, que ahora quien le paga el traje. Tiro la imagen de San Nicasio a la papelera, me doy cuenta que tiene menos influencia en el cielo que los que pasan la fregona cuando llueve. Mientras tanto, trato de cobrar a todos los clientes que entran, que si descuento Repsol Más, que si descuento Corte Ingles, que si el descuento que se inventa cada uno. Cuando cojo aire intento ofrecer lo que puedo, que es poco, lo reconozco, a estas alturas bastante tengo con aguantar los pantalones que se me escurren por el culo; he debido perder dos kilos -lo único bueno- junto con la sonrisa y las ganas de trabajar, después de la última movida.

Un señor viene con la cartilla del Marca pidiéndome un reloj. Le comento que no sé nada, y después de dedicarme un minuto a leerlo con atención, le explico lo que ha de hacer para conseguirlo. Solo me ha faltado tener que explicarle también como ir al baño, como bajarse la cremallera y como buscársela dentro del calzoncillo. Estamos aquí para todo, ¡Jo...derrr!

Son las once y llevo tres horas metida dentro de la caja, sin apenas respirar ni poder ir al baño. La cola me llega casi hasta la puerta, las ganas de... hasta el ombligo. Con la caja atestada de clientes me escapo corriendo hacia el servicio. ¡Dónde va esta loca!,  pensarán, da igual, ya no aguantaba más, de saberlo, me hubiese echado al bolso el Indasec de la Concha Velasco, y en el botiquín de la estación no hay nada parecido. De vuelta en caja, otro señor me pide una bombona de butano. Salgo corriendo y se la doy, diez segundos de aire fresco. Eso si, sprint para arriba, sprint para abajo; ahora me explico el nombre de las tiendas.

En esto me llama una señora de unos setenta años para que le ponga 20 litros de gasoil. Le pregunto que si 20 litros o 20 euros, y me repite que 20 litros, que le ha comentado su nieto que echándolo por litros le entra mas combustible. Yo no lo entiendo, pero le doy gusto a la vieja, y le pongo sus veinte litros de diesel. Mientras tanto pienso en la gente que tengo dentro de la tienda, miro hacia allí y se ríen, como si estuvieran metiéndose los chicles dentro de la ropa interior. En esto el coche de la vieja escupe una bocanada de gasoil, empapándome parte del pantalón. Entro en la tienda con un olor a carburante que tumba a cualquiera y sigo cobrando. Tanto apesto que parte de las moscas caen fulminadas a mi alrededor.

Miro el reloj, las once y cuarto. Quiero que el día se acabe, ya no aguanto mas, pero aun me quedan casi tres horas. Rescato la imagen de San Nicasio de la papelera y le dedico dos lágrimas de desamparo. Sigo cobrando a los clientes, dándome toda la prisa que puedo y aguantando que alguno diga que "las había visto mas rápidas", o que "mujer tenia que ser", que éste no era lugar para estar sola, que por fuerza y por sexo debía de estar en casa, en la cocina o con los niños. Por ser mi primer día, me mordí la lengua hasta casi hacerla sangrar y me calle la boca. Eso si, le puse a caldo con mi mente, y de mis ojos salían dos rayos fulminantes como los que lanzaba Supermán para fundir las piedras.

A todo esto me estaba quedando sin cambio, ya que la maquina de tabaco había funcionado tanto como yo. Más stress para añadir a mis espaldas. Para más inri, descubro que alguien se había suministrado treinta euros y que no había pasado por caja. Fuga al canto. Marrón que te crió. Miro a San Nicasio de reojo, por un instante me da la sensación de que él está mirando hacia otro lado desviándome la vista. Ya empiezo a ver visiones. Me tomo un paracetamol.

Pasan dos horas y yo creyendo que ya nada podía ser peor; me equivocaba.
Un señor con el coche en el tren de lavado nos avisa de que se había quedado atascado en su interior. Al ir a ponerle la maquina de nuevo, a otro señor del box nº 1 se le dispara la pistola y me rocía de agua desde el pelo a las bragas. Pensé, que para lo quemada que estaba, me vendría bien enfriar mis ánimos. Cuando voy a secarme al cuarto de baño, me miro al espejo y me veo hecha un cromo. No es que una se pinte mucho, pero todo el maquillaje, rímel, etc, se había corrído y descolgado, parecía un cuadro de Picasso visto en el espejo, o una elementa peligrosa de cualquier tribu urbana. Echo un vistazo -ya que estaba- a los cuartos de baño, pues no había tenido tiempo en toda la mañana de acercarme, y descubro como alguien había usado mas papel del necesario, atascando el retrete y desbordandolo al tirar de la cadena. Mientras llega el agua a mis pies pienso que si me pongo yo a mostrar mi desconsuelo con lágrimas, podría causar una inundación mucho mayor que aquella. Es un síntoma del derrumbe definitivo. Habría que limpiar bien el WC y el suelo. Pero, yo ya no puedo más. Cuando llegue a mi casa voy a meterme en cama con dos valium, ¿O debería ir a una medium para que me quitara el mal de ojo?.
En esto oigo una voz de un chico que me estaba pidiendo un café con leche, largo de café y dos terrones de azúcar, y un capuchino al punto, con leche desnatada y sacarina. Paso detrás del mostrador con mi pinta de monigote desteñido, le preparo los cafés, y ya de paso me dice que le haga un bocadillo de tortilla para llevar. Le miro de reojo y murmuro un rosario de maldiciones por lo bajo.

Entre tanto llegó mi relevo. Casi me echo a llorar en sus brazos, ¿O lo hice?. Mi día había sido una completa pesadilla. Me comentó que no era habitual todo aquello, por lo menos al mismo tiempo, pero que si era normal que pasaran ciertas cosas. Gajes del oficio, je je, se sonrió. Maldita la gracia que me hizo. No sé si se dio cuenta, pero mientras contaba el cambio le saqué los colmillos para reirle la ocurrencia, ¡Grrr...!.

Desastre total (Campsared Blog)
Al terminar limpie el cuarto de baño, repuse un poco el vault, y al salir a la calle, vi la pista llena de manchas de combustible, los boxes atestados de barro, las papeleras rebosando... Caí de rodillas suplicando clemencia. Entre un cliente y el compañero, me levantaron, y alguno de los dos me tocó el culo, espero que simplemente para animarme. Mi compañero me dijo que no me preocupara y que me marchara a casa a descansar, que otro día sería mejor que éste, que ya se ocupaba él de todo.

Me fui de allí como Napoleón después de haber perdido en Waterloo, arrastrando los pies, con la cabeza baja, como un muerto viviente falto de vitaminas.

Al día siguiente mas tranquila, la segunda encargada me comenta que a pesar de haber vendido unos 13.500 euros en una mañana, no habíamos cumplido ni en bollería, ni en rascas, ni Sp, ni Cruz Roja, con lo cual, la mañana fue un desastre. Si a eso añadíamos la fuga, y las tres reclamaciones, podía cruzar los dedos para que todo aquello no pesara en mi futuro. Ese mismo día vendrían a visitarnos el DR y el JZ, a recordarme que lo primero era cumplir los objetivos, ya que si no, no superaría el periodo de prueba.

Desilusionada, me fui a casa pensando, dando vueltas a todo lo ocurrido, reflexionando sobre donde me había metido, y si no seria mejor dejar este trabajo, y volver al bendito supermercado, donde cobraba menos pero vivía mejor.


Ha transcurrido desde entonces un mes, pero cada día me lo pienso de nuevo. Aún me pregunto si cuando acabe, lo haré bien, vamos, en mis cabales, o tendré que ingresar en un centro de rehabilitación para neuróticos para volver a ser yo misma.

FIN

P.D.: Dedicado a VENDEDOR ACTIVO y a todo el que se identifique con la protagonista.

Un relato escrito por revoltosina el20 junio, 2012 22:15 - Adaptado y retorcido por Anksunamun

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Antes de leer este relato deberías dirigirte a PESADILLA EN LA ESTACIÓN (1ª Parte) y leer el principio de esta historia.






11 de julio de 2012

PESADILLA EN LA ESTACIÓN (3ª Parte)

Ya ha despuntado el día. Empiezan a llegar los clientes, los primeros me pagan en efectivo y no hay ningún problema, aunque sigo sin vender nada; no me extraña, con tantos contratiempos que he tenido hasta ahora, se me ha debido quedar cara de alucinada, y así, en vez de convencer, lo que hago es espantar a los clientes. Durante ese tiempo, alguno que otro me ha pagado con la tarjeta Visa o la Solred, y después de varias operaciones de bacaladera, ya casi me considero una experta, y conozco al agente telefónico como si fuera un íntimo; hemos tenido tiempo hasta de flirtear un poco.


Por suerte parece que la avería ya se ha conseguido arreglar, y el terminal de Solred me funciona perfectamente. Dios existe, o es que San Nicasio, es un fenómeno para problemas de telecomunicaciones.  A partir de ese instante comienza el
baile propiamente dicho, el que ya me anunció mi compañero. De pronto vienen tres coches a la vez, intento servirles rápidamente, pero uno de ellos me dice que quiere dos repostajes de 31 euros. Un caprichoso vamos. Los otros dos clientes pasan a la tienda y yo quedo haciendo el segundo repostaje del primer cliente. Vaya trabalenguas. Decido ir a la tienda. Le digo que ahora vuelvo. Cobro a uno mientras el que está en pista, haciendo de las suyas, es decir, ni caso, quita la manguera del depósito, y echa un chorro de gasoleo en el suelo del tamaño del lago de Bañolas. Menuda gracia, pataleo en silencio. "Se ha caído un poco de gasoil", me dice el cliente responsable. ¡Un poco!, con lo que se ha vertido hubiese podido ir al trabajo durante los tres meses que tengo de contrato. "No se preocupe", le digo, estoy aquí para recogerlo y limpiarlo y para ser puteada de siete a tres manteniendo la sonrisa. Esto último, solo lo pienso, aunque se me debe notar en la cara que me ha sentado como una patada en el estómago.

Uno de los dos clientes se había ido al baño, así que me dispongo a cobrarle al señor de los dos repostajes -el inútil que me ha puesto la pista como un centro de patinaje- el cual antes ni de decir los buenos días, ya me estaba pidiendo sendos vales de descuento y me estaba soltando otros dos vales para que le aplicara el 3%.  También me puso sobre el mostrador una tarjeta Repsol Más, la tarjeta de la Mútua y la Travel, y además quería factura. Era el típico: No-se-me-escapa-una, soy-más-listo-que-Dios.
En esto veo salir al tercer señor del baño, dar un repaso a los productos con origen,  y coger una lata de aceite Parqueoliva. Dentro de mi sentí que el corazón me palpitaba mas deprisa, casi podía llorar de la alegría, ¡Mi primera lata de aceite! pienso. Me emociono como si Justin Biever me hubiera dado su teléfono, pero aún he de acabar con el espabilao al que estoy atendiendo. Le explico que solo puedo hacerle un descuento, no dos, y tampoco pasarle dos tarjetas, solo una. Refunfuña, se lamenta diciendo que no entendía porqué, si ofrecemos tantos descuentos, solo podemos hacer uno por operación. Después de realizar los varios pasos que hay que hacer para llevar a cabo aquel descuento, pienso dentro de mi que el inventor de aquel proceso debía de ser un  informático novato, en el super bastaba con pasar la tarjeta, tres teclas como mucho, y listo, mientras que aquí había que hacer equilibrismos de teclado y memoria, hasta ver completada la operación. ¡Menudo informático de pacotilla! Seguro que hizo su curso por correspondencia en CCC.  Eso, o que quería probar los límites de nuestra paciencia.

Acabo la primera operación y le hago la factura. Mientras oigo el rascado del folio dentro de la impresora, me reconcome el nerviosismo, pues el cliente de la lata de aceite harto de esperar me paga el repostaje en efectivo, deja la lata de aceite en su lugar y se marcha. De nada sirvió que me arrastrara por la pista gritando ¡por favor, por favor, cómpremela! Ya se había ido. Mi gozo en un pozo. Acabo con la segunda operación y la segunda factura del cliente, y al entregárselas me comenta que él quería una factura de 62 euros y no dos de 31. Le explico que no se puede hacer si no me avisa previamente, y me acusa de estar en babia y no poner suficiente atención. Me revuelve las tripas, y no le doy un rodillazo en los cojones por que tengo por medio el mostrador, pero ganas no me faltan.  Él se marcha algo chamuscado, mirando de reojo, como si esperara que le hiciese un corte de mangas o algo así. Yo le dedico mi sonrisa falsa de: Que-te-den-mucho-por-donde-ya-sabes.
Por entonces, la pista ya empezaba a llenarse y no podía salir, suministrar y cobrar al mismo tiempo. Decidí quedarme en la caja, hasta que pasara la marejada.

Vino entonces la típica señora que viste Prada y bolso de Moschino, e insiste en que tengo que salir a servirla. Me tiro de los pelos. Es tanta la tabarra, y más que nada verla allí, creyéndose la reina de Inglaterra, que dejo al resto de clientes en la caja y salgo a fuera, la sirvo y vuelvo como un correcaminos, pensando que la media docena de personas que he dejado, han tenido tiempo de sobra para repartirse un buen botín de chicles, o de lo que quieran.

Sigo cobrando. A estas alturas mi sonrisa me ha dejado plantada, como a algunos el desodorante. Pensarán que estoy estreñida; alguno va a ofrecerme All-bran, y le voy a soltar una hostia.

Eran ya pocos mis problemas, y va y pare la abuela: El lavado ha arañado un coche, y el cliente exige atención inmediata. Tal vez si meto la cabeza en el microondas terminen mis problemas. Bloqueo las calles, echo a escobazos a la gente (es un decir), y pego otra carrera hasta el lavado. Ni que decir tiene que estoy hasta el c... de correr.

Una vez allí, veo el panorama, el cliente ha atravesado el coche en el lavado, como si quisiera encontrar un ángulo imposible para quitar el polvo a sus cristales. Le digo que es culpa suya. Para que quieres más, empiezan los tambores de guerra, se bajan del coche su mujer, los niños, y su perro, que me empieza a morder los pantalones. Insisto, la culpa es solo suya por meter mal el coche, y ellos me acusan de que las instrucciones no son claras, y de que no haya nadie para ayudarles a usar el lavado. En plena tamborrada de críticas, salgo corriendo pues el perro ya me ha llegado al hueso en uno de aquellos mordiscos al tobillo. Ellos me persiguen como en La Matanza de Texas solo que sin llevar sierra mecánica. En la puerta de la estación, tengo montada una manifestación de clientes a los que solo les faltan las pancartas y una barricada de basuras en llamas. Pido tranquilidad a todos, como quien pide moderación en la comida a una pandilla de zombies con gazuza de un mes. Si me hubiera puesto desnuda en plena plaza del Vaticano no se hubiera formado tanto revuelo como el que ya tenía montado allí, todos gritando como en una manifestación del 1º de Mayo.


Hago de tripas corazón. Llamada a la encargada, a la policía y a la brigada canina para que reduzcan al chucho que ya lo tengo a la entrada de la caja y al que tengo que reducir con el cepillo de barrer. Una hora de locura, que posiblemente me ha envejecido diez años. Resumen: dos hojas de reclamaciones, un parte de siniestro, y un buffet libre de chicles y refrescos para la multitud enfurecida. Busco por si hubiera una pistola escondida en el sotabanco, pero tengo que conformarme con darme cabezazos contra las paredes del obrador. Aun me queda media mañana. Buff, empiezo a plantearme si llegaré con vida hasta el final del turno.


Continuará...


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Un relato escrito por revoltosina el20 junio, 2012 22:15 - Adaptado y retorcido por Anksunamun

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6 de julio de 2012

PESADILLA EN LA ESTACIÓN (2ª Parte)

Me lo tomo con calma, aún es temprano para empezar a deprimirme. Algo mas tranquila me encamino a poner en marcha el lavadero, y estando allí en plena faena, oigo la sirena de alarma, que suena histérica como si fuera a haber un bombardeo en un minuto.

Entonces me viene a la cabeza la hornada de pan y bollería que tenia en el horno y que, entre unas cosas y otras, había olvidado por completo. Corro desesperada y compruebo que se me habían quemado, y que estaba saliendo un humo negro que lo atufaba todo y había convertido la tienda en un almacén de productos ahumados. Con mi mente varada en pleno shock, el sonido de la alarma contra incendios seguía atronando logrando despertar a todo el vecindario, y yo trataba de pensar cual era el paso siguiente que había que dar para salir de aquella situación.

Mientras recupero los restos carbonizados de los bollos, dos minutos después empieza a sonar el teléfono, primero fue de la central de alarmas, luego el encargado, y finalmente la policía local pidiendo explicaciones. Bufff, quédémonos con la primera:  la central de alarmas; enseguida me preguntaron por lo que había pasado y al explicárselo me dicen como debo quitar la alarma. ¡Madre mía, qué de pasos!, menos mal que es temprano y aún no hay clientes. Con lo fácil que seria apagarla con un botón y reiniciarla. Empiezo a sospechar que hoy no he empezado con buen pie, también que nada puede ser peor. Me equivocaba, la Ley de Murphy se iba a cumplir a rajatabla, aún iban a ocurrir cosas peores. Por ejemplo que en menos de diez minutos se presentaran allí media docena de vecinos a ponerme la cabeza como un bombo acusándome de alborotar al vecindario, de despertarles a deshoras,  y de asustar a sus hijos. Entre todos se ponen de acuerdo para confeccionar una reclamación mancomunada. Mi catálogo de sonrisas se marchitaron conforme me tachaban de irresponsable y poco cuidadosa.


Cuando se marchan, me tomo una tila, y resoplo. Son las ocho de la mañana y ya tengo los nervios de punta y dos hojas de reclamaciones: todo un record; estaba más nerviosa que una gelatina encima de un subwoofer.  Hice unas cuantas inspiraciones y me puse a colocar la prensa, lo cual me llevó un rato, dada la cantidad de suplementos, regalos, etc., que acompañan a los periódicos que al ser domingo traían desde cd's a colecciones de libros, desde tazas de fútbol, hasta penes de silicona.

Esta tarea me distrae y tranquiliza bastante, y pienso que al menos, empieza ya a salir el sol en mi primer día; un rayo de esperanza en esta mañana tan nefasta que llevo. Mi compañero, al que llamé para pedir ayuda, -en los primeros minutos de desconcierto-  responde mi llamada y con voz cavernosa de Dark Vader, -lo que confirma mi versión de sabadete feliz- me comenta que los domingos suelen ser tranquilos hasta las ocho u ocho y media en que la gente empieza ya a salir de casa a por periódicos y a por el pan, y es entonces cuando comienza el baile. Pensé que a mi me había tocado bailar con el día más feo y más desafortunado del año. Paciencia, seguro que todo se arreglaba y empezaban a pintar oros y no bastos en algún momento. Mi compañero también me dice que lo de la maquinita de Solred es un problema común de todos los domingos, cosa del satélite, y que tendré que hacer bacaladeras, hasta vaya usted a saber cuando. Me indica los pasos a seguir y me repite que me tranquilice. Ha notado que estoy a punto del suicidio. Lástima que el horno sea eléctrico y no de gas, que ya hubiese metido la cabeza un par de veces. Y no descarto hacerlo si continúan así las cosas.


Me explica que aquel domingo era especial, y pasaría por la estación mas gente de lo que se acostumbra, al celebrarse no muy lejos de allí un gran premio de la F1. Cruzo los dedos, toco madera, y saco de mi bolso una estampita que me guardó mi madre de San Nicasio, el patrón de mi pueblo, a ver si me trae suerte. Me despido del compañero, que con la voz aguardentosa del psicópata de Scream, tampoco me ha tranquilizado mucho.

Ya con el pan, la bollería y los bocadillos recién hechos, la prensa colocada y la humareda casi disipada, me sereno un poco. Preparo la segunda hornada y algo mas relajada me dispuse a atender a los nuevos clientes que llegaban. Sonrisa al canto y salve por lo bajo a San Nicasio.

Les atendí igual que al anterior, e igual que al anterior me falla la tarjeta del primero, una Solred, ¡mecachis!... Al estar sobre aviso me dispuse enseguida a llamar por teléfono, todo ello tranquilizando a aquel grupito que se me iba formando de conductores y clientes mosqueados. Al llamar, lo primero que salta es un contestador, ¡jo...derrrr!.  Empiezo a recitarle los datos que me pide, pin-pan, pin-pan, pin-pan,  y cuando ya está a punto de acabar, ¡Me dice que no me entiende y que me pasa con un agente!, ¡¡Mierda de contestadores!! . Tranquilidad, si sigo así, se me va a adelantar hasta la regla. Inicio la conversación, el agente, muy amable me ayudó cuanto pudo, y así logré terminar mi primera operacion con Solred manual, y esperaba que también mi maleficio. El segundo cliente al ver la movida, muy amable me pago en efectivo -las cosas empezaban a ir bien- y yo con mi sonrisa de domingo les ofrecí algo para desayunar, ante lo cual me dijeron que ellos son solo de café, y que la diabetes no les deja probar el dulce. Del cupón de Cruz Roja no quisieron ni hablar, y de los Rascas de la Once me dijeron que era tirar dinero. Se fueron con las manos vacías, al menos, sin causar problemas.

Pero el tercero y el cuarto ¡Ah!, eso fue otro cantar. Uno me dijo que quería una factura, y que la quería ya, en aquel momento, después de haber tomado un donut y un café, y haberle ya cobrado con tarjeta. Nueva movida. Devolución, mosqueo y maldiciones por lo bajo. Al cuarto tuve la desgracia de volcarle un café con leche por el brazo. Era una rubia con cara de mala de telenovela. Me miró con los ojos inyectados en sangre, y luego miraba de nuevo su camisa. Creí que iba a saltar el mostrador y arrastrarme por los pelos. Tragué saliva, puse cara de mártir, que a estas alturas, era una cara que me salía bordada como para poder pedir en la puerta de una iglesia.

Después de irse, pensé que había salvado la vida de milagro. Le dí un morreo a San Nicasio que se le subieron los colores.

Continuará...



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Un relato escrito por revoltosina el20 junio, 2012 22:15 - Adaptado y retorcido por Anksunamun
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1 de julio de 2012

PESADILLA EN LA ESTACIÓN (1ª Parte)

Por Revoltosina

Hoy me levanto algo intranquila, es mi primer día de turno en la estación en el que voy a estar completamente sola. ¡Brrrrr, vaya responsabilidad!, no he pegado ojo. Voy cansada y nerviosa y aún no he empezado mi jornada. Llevo unos días en prácticas reforzando al compañero, y aprendiendo con bastante interés para poder sustituirle en las vacaciones de verano. Mi anterior empleo había sido de cajera de una gran superficie, y en los varios años que estuve nunca tuve ningún problema que no pudiera solucionar llamando a la seguridad, caja central o a mi supervisora. En ese aspecto, estaba confiada, había tomado notas, y esperaba que todo transcurriera por los cauces normales ¿Por que no?


Llegue temprano a la estación. Quería jugar con margen para prever pequeños contratiempos que pudieran surgir. Ya en el trabajo, los saludos pertinentes con el compañero que sale de la noche y poco más, unas pocas recomendaciones para lo que había de ser, un día tranquilo, uno de tantos sin mayores problemas. Respiro hondo,  me preparo para abrir, cuento el dinero, cambio el turno y compruebo que todo esta en su sitio. Bufff, al toro.

Empiezo a calentar el horno y meto la primera hornada de pan. Después, napolitanas, croissants etc., mientras espero que llegue mi primer cliente. Antes de que eso ocurra, me dispongo a poner en marcha el tren de lavado y los boxes, todo siguiendo estrictamente mi lista de tareas, que hasta ahora yo voy cumpliendo a rajatabla. Ningún problema. Todo va sobre ruedas.
En eso llega un señor con traje y corbata que tiene pinta de muy serio, uno de esos ejecutivos de medio pelo que por lo visto le ha tocado trabajar en domingo; no tiene cara de muchos amigos. Salgo y le atiendo con una sonrisa -mi primera y encantadora sonrisa de primer día- , le sirvo diligente y al acabar le indico que pase al mostrador para pagar. Por el camino le voy enseñando los productos de selección de origen, a ver si suena la flauta y me compra unos melones de Tomelloso. Por ser simpática le hablo del tiempo, le ofrezco diez sonrisas distintas mientras le explico que con unas lonchas de paleta ibérica a modo de cubierta están riquísimos. El señor circunspecto me dice que no quiere nada. Se ve que he dado con un hueso. Ya en la caja me entrega su tarjeta de El Corte Ingles para pagar y le indico que por haber repostado mas de 30 euros le obsequiamos con un vale descuento de 6 euros para el mismo establecimiento. Nueva sonrisa que no obtiene respuesta. El señor acepta sin inmutarse, lo dobla y guarda en la cartera como quien mete un papelajo que no a mucho tardar irá a parar a la basura.

Al no tener lista la bollería, no me atrevo a ofrecerle café, pero le comento que si le gustaría colaborar con la Cruz Roja comprando un cuponcito para el sorteo del oro. El señor pone cara mas agria, la de estar estreñido del todo,  y me contesta que ya ha colaborado suficiente, ya que la Cruz Roja le ha mandado a su empresa cien euros en cupones, y lo mas probable es que se tenga que quedar él con todos. No chisto. Le solicito la tarjeta Travel y me dice tajante que no tiene, pero que no me moleste en explicarle, que no la quiere. Al ver que tampoco tiene la Repsol Mas le comento muy de pasada las ventajas y el señor ya irritado del todo me dice que tiene mucha prisa, y que no tiene tiempo ni ganas de rellenar nada, que estoy empezando a atosigarle.

Yo convencida de que con este cliente no voy a sacar nada, me dispongo a cobrarle para esperar una oportunidad menor. Le paso la tarjeta y me sale un mensaje de "operación no disponible" ¡¡Horror, qué es eso, es la primera vez que lo veo!! ya con un palpito en el corazón, repito la operación y lo mismo. Empiezo a ponerme nerviosa. Llamo a mi compañero de la estación cercana. ¡Venga, venga, qué se ponga! Ni caso, era noche de sabadete y aún debía de estar cargando baterías. El cliente barruntando el problema, comienza a enseñarme los dientes, y me pregunta malhumorado si ocurre alguna cosa.  Le comento lo sucedido, y sin mucho convencimiento -ya digo que el tío no era precisamente la alegría de la huerta- me proporciona una tarjeta Visa, la cual al pasarla me vuelve a dar el mismo error. El cliente se sube por las paredes y empieza a jurar en arameo, me pide una hoja de reclamaciones y me pide mi nombre, tachándome de incompetente. ¡Menudo comienzo! decido utilizar la maquina de H24, y después de tenerme esperando casi un minuto, -largo minuto es esas circunstancias- consigo finalizar la operación con éxito. El cliente se va muy cabreado por el tiempo que le he hecho perder, completa la reclamación y se despide con un buenos días que suena como un "vete a la mierda".


continuará...

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Un relato escrito por revoltosina el20 junio, 2012 22:15 - Adaptado y retorcido por Anksunamun
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JULIO 2012, comentarios

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