COMPAÑEROS DE CAMPSARED



"Podeis decir lo que pensais de vuestros encargados, de los objetivos, de la venta activa, de los cursos, de Sumando valores, seguridad, promotores del cambio, sindicatos, y todo lo que querais. Hubo en tiempos un blog de un compañero en donde mucha gente dejó sus comentarios, hoy no existe y como alternativa nace CAMPSARED BLOG, para reunir a todos los que somos COMPAÑEROS DE CAMPSARED"



Este blog, como indica en la cabecera, originariamente fue creado por un compañero llamado EXPENDEDOR-VENDEDOR el 20 de noviembre de 2008 pero problemas técnicos le impidieron actualizarlo, lo que dio pie a la creación de esta segunda etapa renovada que es la que se abre a continuación.
Como aquel, mantiene la idea de tener una plataforma de comunicación, de reivindicación y sobre todo un medio de expresión para todos los trabajadores de CAMPSARED y de REPSOL, y a la que quedan invitados cualquiera de los trabajadores de EESS sean cuales sean sus marcas.



Bienvenidos todos a este foro de diálogo e información.



Recordar que si visitais esta página por primera vez, para conocer el contenido completo de este blog desde su nacimiento, deberíais comenzar por el antiguo blog pinchando en este enlace:

'www.campsaredsprint.blogspot.com'





1 de diciembre de 2013

DICIEMBRE 2013, comentarios

Otra navidad que seguimos en la brecha. Tras el "pactus interruptus" que se produjo el mes pasado, este mes esperamos una lluvia de dinero, y no precisamente de la lotería, sino la de los errores contables, la de los errores informáticos, la de la paga, y se supone, la que nos proporcione el acuerdo definitivo de nuestros sindicatos sobre el Pacto Sindical, que llegará posiblemente tocando el fin de año. Va a llover tanto que Hacienda ya habrá puesto palanganas para quedarse con una parte buena de esa "lluvia" destinada a alegrarnos las navidades. Nuestra empresa por si acaso -muy cucos ellos- también nos ofrece invertir en acciones de Repsol en cuanto dispongamos de cash.

Con este chaparrón de billetes, no nos acordamos de los acuerdos, esa "píldora", que como decía una compañera, va a llegar entre tanto azucar, que ni nos vamos a enterar.

Que seais todo lo eficientes que nos piden como para merecernos el terroncillo de azucar que nos dan. Que los ratios echen chispas. Felices y dulces fiestas.




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15 de noviembre de 2013

SER O NO SER, ESA ES LA CUESTIÓN


Hete aquí que estamos, después de una travesía por el desierto de cuatro años, expectantes esperando firmar el "convenio prometido" cuyas pretendidas ventajas se diluyen ante la apabullante realidad económica. En realidad lo que ahora se dirime es el Pacto Sindical, pero luego será el Acuerdo Marco, y antes fue el Convenio de Estaciones de Servicio, una "operación salida" de derechos (nunca mejor dicho) que nos tienen con el corazón en un puño desde hace varios meses. Pero, ¿Qué nos aguarda después de este ramillete de pactos?

Se comenta que ha pasado la crisis pero que estamos viviendo la resaca, y por lo que dicen, vamos a salir de ella con los pantalones enganchados con alfileres, sin varios pluses que nos los sujeten, prácticamente con el culo al aire en cuanto levantemos los puños para protestar.

El terremoto económico ha sido de tal calibre, que ha devuelto a los ricos a su sitio, y a los pobres, a ocupar sitios de alquiler. Por más que repasemos las mejoras sociales del último decenio, las alzas de salario, los acuerdos... ahora parece que ni la zanahoria en el palo nos va a quedar. Desde que en la primavera de 2012 llegara el tío Paco con las rebajas; el tío Mariano, he querido decir, aquí ya no crece una flor sin permiso del gobierno, y si crece hay que tributar por ello.

Se acabaron los años del pelotazo -para los ricos- y el rebote -para los pobres- en el que todos sacaban su ganancia con la filosofía del "y yo más". Que tienes esta casa, pues yo más, el coche X, pues yo más, o una tele de la leche, pues yo otra mejor. Yo siempre más que mi vecino. Ahora se rivaliza en saber quien tiene más deudas que el de en frente, quien aguantará más meses la "resaca" sin venirse abajo, y algo terrible para llevar una vida serena: quien tiene menos miedo a perder el empleo y más seguro su futuro.

Nosotros trabajamos para una multinacional. Nuestro presidente no ha sido el que dijo que hay que trabajar como los chinos si queremos poder sobrevivir, nuestra empresa gana dinero año tras año, a espuertas, como si les tocara cada semana El Cuponazo, no paran de encontrar petroleo, de extraer gas, y de producir derivados que proporcionan ingentes cantidades de dinero a la buchaca. Este trimestre 387 millones de un global de 1.410 en el año. Pero, ¿Y nosotros: Campsared? ¿Donde estamos en la cadena de ganancias?

Alguien ha utilizado la palabra mochila y voy a apropiarme de ella; Campsared es la mochila de Repsol, y se la cuelga, la zarandea, la utiliza, y de vez en cuando hace limpieza en ella tirando las migajas y pelusas, todo lo que no les interesa mediante reducciones de partidas, de personal y por subrogaciones. ¿Por qué?, por que les pesa la mochila y como dueños de ella quieren una mochila ligera, atractiva, y funcional. ¿Responde Campsared a esos criterios?

Ahora ha llegado el momento de cerrar las negociaciones del Pacto sindical (la cremallera de la mochila) y unos ven que se ajusta más o menos, y otros, que ese cierre tiene más peligro que la boca de un tiburón.

Bajo esto se amontonan las cifras, cientos de ellas, de todos los tamaños, adornadas como los árboles de navidad por diagramas de múltiples colores, utilizando decenas de signos ortográficos, todos los que contienen los teclados para explicarnos la situación en la que estamos, si somos sostenibles y lo que se espera de nosotros.

Ciertamente a los criterios de la empresa nuestra mochila ya no es tan nueva, tan bonita ni tan útil. En los últimos años ha tenido que invertir en ella para que no se desfondara (últimamente 70 millones), está llena de costurones y por los sietes se le escapa parte del beneficio, lo que me hace pensar que ya no somos el complemento perfecto sino más bien un lastre ¿Puede prescindir de nosotros?

Está claro que el mundo se ha desmoronado, los últimos escombros son de Fagor, con 5.600 trabajadores a la calle, Panrico con 914, la televisión valenciana 1.600, limpiezas de Madrid 1.100 y muchos más, hasta llegar al Bar de Luis, frente a mi casa, con dos empleados menos. Y si hablamos de sueldos la realidad hace llorar, cientos de empresas han rebajado o piden rebajar ¡¡hasta un 45 % los salarios!! ¿Es este derrumbe general motivo suficiente para rebajar nuestras pretensiones? ¿Precarizar nuestro futuro es una opción o una necesidad?

Unos (CCOO) nos dicen que las concesiones son las mínimas, pero nos hablan de un plus (de relevo) que inquieta en su nueva definición, por lo que pueda suponer. Como la mayoría no entendemos, lo vemos con recelo, como al muñeco Chucky, no sabemos si darle un abrazo o hacerlo picadillo con la batidora.

Por otro lado (UGT) considera que el tema no está claro, buscan gato encerrado alrededor de los ratones, que somos nosotros, les parece que eso del plus independiente "ad persom", es un truco tan viejo como el de la bolita y las tres nueces, "ahora la ves, ahora no la ves", y que en cualquier momento en el futuro, se esfumará el dinero, que habrá volado entre los dedos de un virtuoso trilero de la empresa.

En este punto estamos, con los papeles sobre la mesa, con dos guiones diferentes sobre una misma historia ante los que debemos decantarnos. En realidad, todo es cuestión de cifras: Perdemos, o perdemos, o perdemos más, la casa gana siempre. Se trata de aceptar los recortes o apostar todo a impar y rojo.

Estas dos últimas semanas no ha habido reuniones. UGT no está ni se le espera, su planteamiento es que las cosas no están claras, y que con la mosca zumbándole detrás de la oreja ellos no se atreven a firmar. CCOO ha recogido los bártulos, ha hecho las maletas y se han marchado cada uno a su pueblo a la espera de que los ugetistas se decidan. ¿Y ahora qué? Si lo que se negoció hasta ahora no vale, es decir, si lo que ha costado varias semanas de reuniones y discusiones (desde el 11 de septiembre) y que se plasmó en distintos comunicados conjuntos, no es lo que se acepta, no queda otra que volver a empezar de cero, coger folios en blanco y comenzar a escribir propuestas.

¿La empresa va a aceptar esta indecisión? ¿Va a refrendar lo ya acordado o va a adoptar posturas más rígidas?

Yo creo que la posición de UGT es loable, quieren lo mejor para todos, entendiéndose por todos, los trabajadores antiguos y los nuevos, pero... ¿Nuestros sindicatos no han patinado enfrentándose a la empresa sin antes haber ajustado sus criterios?

A mi modo de ver, la empresa va a reforzar su estreñida posición y va a decir, "que la cosa está mu' mal", que hay que adaptarse a los nuevos tiempos o enfrentarse a la desaparición, esto último lo dirán con énfasis, en tono fantasmal, alargando como un aullido la última sílaba.

¿Es cierto? ¿Es posible? He ahí nuestro dilema, nuestra posición. No condenemos a los sindicatos si finalmente optan por una decisión errónea que nosotros mismos dudamos. Es cierto, algunos lo teneis muy claro: HAY QUE LUCHAR, pero ¿Y la mayoría? ¿Pondríais la mano en el fuego por vuestros compañeros?

Por si os queda alguna duda, yo tampoco quiero que nos bajen el sueldo, me jodería como a cualquiera, pero ¿Qué hacemos? ¿Revolvernos por amor propio? ¿Cuántos? ¿Los 150 de siempre?

Y si así fuera, una reflexión: ¿Le ha servido de algo a los empleados de Iberia, Roca, Fagor, Panrico, etc., salir a la calle a protestar? ¿Han renunciado a sus planes las empresas? ¿La coyuntura laboral protege las posturas heroicas?

Estamos entre la espada y la pared. Yo creo que hemos de apostar por la supervivencia apoyando los planes propuestos en principio por nuestros sindicatos. Lo de UGT es fantástico pero nos pone al borde del abismo. Debemos optar por una garantía en el empleo y si tiene que haber bajada de sueldo, que esté condicionada a la situación económica, y tan pronto -aunque sea en el 2018- ésta mejore, recuperemos un nivel aceptable de salario y de capacidad adquisitiva acorde a los tiempos que corran por entonces. No se trata de sacrificar el futuro, sino de asegurar el presente.

Yo no quiero volver al 2012 con el temor continuo a un subarriendo,  prefiero cien planes cicateros de mejora, u oscuros objetivos, el maquiavélico proyecto de los ratios de venta, cualquier cosa menos vivir en la zozobra diaria del "qué pasará mañana".

Ocurra lo que ocurra, nuestra situación seguirá siendo mejor que en el sector. Sé que juegan con nuestro miedo, pero, visto lo que ocurre a nuestro alrededor ¿tenemos otra opción?



P.D.: Espero vuestras más feroces criticas para devolverme la fe y el valor que los años me han arrebatado. Quiero algo en lo que no creo: La unión por un objetivo común, en Campsared es imposible.
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1 de noviembre de 2013

NOVIEMBRE 2013, comentarios


Este mes es el mes que tanto tiempo estábamos esperando, cobraremos el primer plazo de los atrasos, y se firmará el VI Pacto Sindical de Campsared con muchas de las reglas que regirán nuestro futuro. Tal vez no sea para lanzar cohetes, pero de alguna forma, hay que celebrarlo.

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9 de octubre de 2013

TRABAJADORES DE PROVECHO

Repsol inició una campaña el 17 de septiembre de 2013 entre los empleados, basada en promover los valores de la Compañía, los tres de siempre: Integridad, Responsabilidad y Transparencia, y dos nuevos, Flexibilidad e Innovación. Se aparta de momento, por motivo desconocido la Seguridad que había sido uno de los puntales de la Compañía hasta la fecha (aún podeis consultar los antiguos valores en la Web de Repsol, que la incluyen entre los favoritos). Precisamente por ello se han pulido al negro que la promocionaba ( ¡Vaya por dios!, a ver si nos van a llamar la atención, y es que...); no se puede estar seguro de nada, bueno, pero nos queda el chino.

Este asunto de la campaña, ha llegado justo en mitad de la discusión sobre si nos dan el dinero de los atrasos, o lo siguen guardando para cuando seamos mayores.  Es evidente que como cortina de humo viene que ni pintada, cualquiera pensaría que quieren distraernos y han dicho, venga, 'palante' con la "operación despiste"
El caso es que para estimularnos en la tarea nos obsequiaron con un cuaderno de anillas y hojas cuadriculadas para que anotemos las ideas y propuestas que se nos ocurran al respecto, un bolígrafo con la leyenda "Sumando valor al equipo Repsol", y dos folletos, uno largo y propagandístico, y otro resumido para mentes perezosas (yo me he leído solo el pequeño, y el otro por encima, shisss).

La idea es colaborar para que las relaciones con la empresa mejoren y se aporten ideas productivas (para que el resultado operativo sea mejor fundamentalmente), que todos seamos seres felices, comprensivos y amantes incondicionales de la marca.

Con todo, una de las cosas que me gusta de veras es que por cada propuesta vayan a donarse 10 € a la Fundación Repsol para que colabore en proyectos solidarios, alguno por cierto, de los humanitarios, podía quedarse en casa, osea tocar de cerca a los que también lo pasan mal en este país, con todo el respeto para los indígenas peruanos, bolivianos, colombianos y brasileños.

El época de vacas gordas estaba bien repartir fuera, dedicar dinero a proyectos churrierescos,  y volcarse en detalles con el 2º y 3er mundo, pero en este momento, no estaría de más barrer un poco para casa, y ocuparse de los desharrapados españoles que los hay a patadas en cada oficina del INEM, o en cualquier barrio periférico; basta esperar a que anochezca para verlos hurgar en los cubos de basura, y eso quiere decir que aquí las cosas no van bien.

Sin embargo, algo me dice que el personal que trabaja en Campsared resulta tan insignificante, apenas una cuarta parte de los 24.000 empleados de Repsol, con más de 80 nacionalidades, que para hacernos ver -en España, digo- tendríamos que hacer una carrera popular con uniforme (o sin el, al más puro estilo Spencer Tunick).  Así que, con suerte solo llevaremos alguna pedrea en el reparto de viajes fabulosos que ofrecen: "¡Viaje a alguna de nuestras instalaciones!" (sic). Espero que no sea a mi antigua estación de servicio, ni a la estación que tengo en frente, que ya la tengo más que vista.

Siempre que se realizan concursos como estos, o entrevistas de Sumando Valores, salen elegidos gente muy recta, con valores magníficos, gente a la que habría que condecorar de inmediato o levantar un monumento en su barrio. Me los imagino como voluntarios olímpicos, o pasando la cestilla en la iglesia, donando sangre cada miércoles por la tarde y presidiendo la APA con vocación de padre de los que tienen un Oscar en el salón de casa, de esos que ponen: "Al mejor padre y al mejor marido".

Cómo compararme con ellos, dicen cosas como que. "somos un gran equipo que estudiamos las necesidades de los clientes" o que "buscamos proyectar la imagen de dinamismo que representa la empresa", "En colaboración con nuestro jefe de zona preparamos estrategias de venta; Repsol proporciona los medios y nosotros desarrollamos el trabajo con eficiencia". (Leer ejemplo real)

En fin, siempre que leo a una de estas almas virtuosas se me suben los colores y me dan ganas de darles un abrazo, de recoger firmas para que les entreguen algún premio o que les dejen dar el pregón de las fiestas de su pueblo. Me imagino al Papa, a Mahatma Gandhi y a la Madre Teresa hechos de la misma pasta que ellos. Me hacen sentir tan mal trabajador que me meto en el obrador y echo unas lágrimas de cocodrilo, para conservar la dignidad.

Ninguno de estos dice jamás que están muy mal las cosas, que somos poco personal para tantas exigencias, que llevan varios años sin cobrar los atrasos, o que su jefe de zona es un explotador sin entrañas. Todo son parabienes y buenas palabras. Hasta compañeros que tuve en el pasado, alguna vez los han captado y han hablado por esos medios, y ahora parecen duplicados salidos de una vaina, tienen la misma cara, el mismo pelo y ojos, la misma barriga prominente, pero sus palabras son de alabanza, como si les hubieran abducido y lavado el cerebro, y pienso ¡Qué éste no es mi Jose Mari, que me lo han cambiado!, que antes era un cabroncete con cara de pillo, un heavy de suburbio y ahora es un salesiano adulador que pide la paz en el mundo.


Después de observarle a ambos lados de la cabeza a ver si tiene hecha alguna incisión donde pudieran haberle introducido un chip o que le sobresalga algún cable detrás de las orejas, nada, me quedo pensando... y eso quiere decir que no soy un buen empleado, y mucho menos un encargado ejemplar, que todo el mundo sabe deben obedecer ciegamente sin plantearse prejuicios ni tener ideas propias, sin pensar nada, y mucho menos cuando les van a entrevistar, que entonces cantan en gregoriano y como mucho advierten: "Dios aprieta, pero no ahoga", dando por bueno que la empresa nos quiere como un padre exigente, para que seamos trabajadores de provecho.

En fin después de estas entrevistas es posible que nos abochornemos de aquella vez que tuvimos pensamientos malsanos respecto a aquella compañera, o que pensamos mal de ese colega, que han resultado ser apóstoles de la bondad y ejemplo para todos.
Yo por si acaso voy a ponerme a pergeñar ideas, aunque sean de bombero jubilado, para que al menos les den los diez euretes a los peruanos, para el proyecto ése de comprarles una cocina decente, con placa de inducción y un horno pirolítico.

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1 de octubre de 2013

OCTUBRE 2013, comentarios

Empezamos octubre con la incógnita de si cobraremos los atrasos en su totalidad, una parte, o si bien tendremos que seguir esperando. Los sindicatos continúan negociando con la empresa el VI Pacto Sindical 
¿La solución este mes?


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27 de septiembre de 2013

ENCUESTA

Por Vendedor Activo

Cambio de rumbo. Resulta que de un tiempo a esta parte, son los propios clientes los que nos analizan, y puntúan bajo su profesional criterio, como trabajamos y la imagen que ofrecemos al público. Mediante 11 preguntas 11, se le hace un cuestionario al que quiera rellenarlo, ofreciéndole puntos para que cambien por regalos al darse de alta. Ese es el reclamo, porque en la piel de toro no hacemos nada por voluntad propia, sino siguiendo el número de serie de los billetes, o su olor, o incluso a cambio de cuatro trastos sacados de los chinos, pero regalados, oye, que de lo que es barato lleno el hato.

Los que no usan tarjetas de crédito son captados por las tarjetas de fidelización o descuento, cuyos dueños empiezan a estar hartos de tanto plástico; por cierto, y para esto último no hace falta un estudio estadístico, sino una jornada de trabajo en cualquier comercio con colas en los cajeros.

De esta forma, tenemos un grupo estadístico formado por una minoría de gente que casi no sabe lo que es un banco y guarda su fortuna en calcetines, a la que se le pregunta, si les hemos ofrecido alguna tarjeta ¿?, o al que venía a por aceite Repsol para su coche, por quinta vez sin éxito, debido a no se qué problema con el nuevo proveedor, y como si fuera cachondeo le preguntan que si la oferta se adaptaba a sus necesidades... Qué graciosos.

¿Qué opinión pueden tener de un comercio donde cada vez que van el empleado se está haciendo un bocata? (¡dichosos bocadillos!) ¿O un cafecito?, ¿O leyendo la prensa? (En realidad está comprobando el albarán o la devolución, pero que saben...).  Y encima, con las mismas manos que sirven "gasoi" hacen bollitos, que vaya usted a saber que sabor tienen. Además, al final te lo tienes que servir tu, por solidaridad, porque ves al chaval o chavala liados con tantas historias, que coges la manguera y te pones, pero claro, pagando lo mismo; qué jetas.

La eficacia y fiabilidad de estas encuestas es proporcional a la racionalidad de los hábitos consumistas de nuestra querida patria. Solamente hay que ver con que calma nos tomamos la subida de 1 céntimo en los carburantes anunciada en los medios, sin mirar si se refiere a la media o a la gasolinera de nuestro barrio. Asimismo, nos vemos reflejados cada temporada de rebajas en un centro comercial, donde se compra aunque no haga falta, o cuando abren uno nuevo y nos juntamos 10.000 personas el día de su inauguración, como si fuera a cerrar al día siguiente.

Viendo esto, no me extraña que, a cambio de un rascador de espalda o un bolígrafo de tres colores, vendamos nuestros datos a empresas, que los manejarán a su antojo si no andas espabilado.

Yo la encuesta la rellenaré al estilo que uso para hacer la quiniela: Sin mirar donde pongo la cruz y sin entretenerme, que va a empezar el programa de María Teresa Campos y no quiero perdérmelo.

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6 de septiembre de 2013

SOLOS

Por estas cosas de la crisis no se han recortado las plantillas, no, eso dicen, pero se han exprimido hasta sacarles el último jugo de las venas. En vacaciones, recorro nuestras estaciones, como si me hicieran un descuento bárbaro, como si fuera a salirme gratis un repostaje de cada dos por ser empleado de Repsol, pero solo es vocación de peregrino, de colega que viene a ver como padecen otros, para aliviarme de mis propios males.

Y está bien claro que me alivio, como un curioso que observa el mal ajeno, como un fotógrafo de guerra que recoge instantáneas de caras embarradas y exhaustas, casi sin esperanza. De viaje, puedes ver a nuestros esforzados compañeros poniendo cien ojos en cien tareas distintas, y afrontando las avalanchas más solos que la una. Parecen los últimos de Filipinas, siempre a punto de caer desmayados y abatidos, siempre con cara atribulada, como de no ir al váter de ocho en ocho horas, y estar abandonando el tabaco y hasta la hora del bocadillo forzosamente, per collons.

Donde perduran dos personas, una deambula por la pista, entre clientes despistados que no saben si echarse o dejar que les despachen, pues la costumbre es la costumbre. Pero ahora hay que salir, corretear por las calles si es preciso, y señalar como el Colón de Barcelona siempre hacia la caja, para que pasen y vean el escenario que ha preparado nuestro responsable de marketing y el show que esté dispuesto a presentarles el expendedor-cajero, vedette en otros tiempos, y ahora taciturno repetidor de frases hechas: ¿Le pongo un...?

Sin embargo, noto que la tristeza se ha adueñado de los expendedores, ya no hay tanta viveza como antes, tal vez el peso del verano, o la ausencia solvente de los compañeros habituales, hacen que los expendedores que yo he visto, tuvieran cara de cansados, de taquilleros de un peaje continuo, ya no hay ofrecimiento risueño y optimista, la soledad del puesto los ha transformado en bustos parlantes sin ninguna gracia, y hasta cierta desgana.

Los encargados nunca están a la vista, y si aparecen, lo hacen sin alegría, arrastrando los pies, siempre con papeles en la mano y una mirada desangelada, de condenados a cuarenta años y un día. Falta chispa en nuestro trabajo. Se vende menos, también se ofrece menos, y los trabajadores ya no son lo que eran, eso si, por la pista siempre hay una chica con chaleco amarillo que busca hacer cientes mano a mano, como los que venden hachís: ¿Te pongo...?  -No hace falta, gracias.  -Que si, que te pongo.

Hubo una expendedora que me quitó la manguera de la mano (con simpatía): "Me ha dicho el encargado que sirva a todo el mundo", dicho y hecho, ¡qué soy del gremio! le advertí; como si nada. Ella tenía orden de servir y lo hacía con disciplina militar. Yo en la tienda esperaba, y hubiese tenido tiempo de guardarme veinte chicles en los bolsillos si hubiese concebido la intención,  pero las órdenes del encargado son sagradas, ella a lo suyo, que a los clientes la santidad se nos supone, como a los militares el valor, aunque la soledad pueda tentar los dedos largos.

Y así a lo largo de muchos kilómetros. Expendedores enfrascados en muchas tareas pidiendo auxilio con los ojos, con cara de besugo sin consumir. Unas contaban su odisea por las mañanas, solas ante el peligro, sin la valentía de Lara Croft para defenderse a mamporros, otros que si el lavado, otras que si el butano de las narices y lo imposible de realizar limpieza de servicios o de cualquier cosa; que si los contadores, que si los cafés, que si la pista, todos ellos la mayoría del tiempo solos, como un torero, ante situaciones comprometidas que requerían velocidad y cualidades de superheroe, en unos cuerpos, (salvo los de verano, jóvenes y peligrosos, y una golosina para los ases del tocomocho) la mayoría pasando de la cuarentena, que ya se empiezan a rendir a la exigencia cada vez mayor de la empresa.

De los encargados ni hablar, son como zombies de serie B, ni comen, ni duermen, y se pasan el día de la ceca a la meca con mala cara y pocas ganas ni de gruñir. "El mío esta de ocho a ocho", decía una con penilla.

He conocido gente estupenda, pero todos ellos cansados, faltos de ayuda, como si cada día les golpease un tsunami y tuvieran cogida la postura para no hacerse daño y sufrir lo menos posible la embestida.

Quiero felicitarlos a todos, por su trabajo, por su esfuerzo, por sobrevivir en soledad, por que los cuartos son los cuartos,  y ya no sobra pasta en esas cuentas para añadir un compañero que comparta el trabajo con nosotros. Pasará la crisis, como pasa la vida, aunque me temo que de los buenos tiempos, como dice la copla, "no nos quede ni la memoria".



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1 de septiembre de 2013

SEPTIEMBRE 2013, comentarios

Comienza el curso. Ya estarán elaborados los presupuestos para el año que viene. Los que entreis dentro de ellos daros con un canto en los dientes. Empieza la cuesta, suerte para todos. ¿Se notarán los brotes verdes este mes?
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27 de agosto de 2013

ATRAPADA



Pararon a repostar en una gasolinera en mitad de la autopista y aprovecharon para tomar algo en el pequeño bar. Era ya noche cerrada y aún les quedaba un largo trecho para llegar a su destino. La familia estaba al completo, padres y tres hijos, la formaban. Cuando hicieron la pausa en el viaje, la pequeña de los hermanos dormía plácidamente y prefirió quedarse en el coche que entrar en el local.
 Dio dos o tres vueltas tratando de coger postura, pero nada, ya se había desvelado y por más que lo intentó no cogió de nuevo el sueño. Se quedó unos instantes mirando el techo y decidió entrar al bar.

Bajó del coche y se estiró mientras giraba sobre si misma reconociendo el terreno. Frente a ella estaba la estación de servicio y a su derecha había una caseta que parecían los lavabos. Se dirigió a ellos para mojarse la cara antes de tomar algo. Cuanto más caminaba más lejanos parecían. Al llegar hasta ellos tenía la impresión de haber caminado mucho tiempo y se volvió a mirar la distancia que había recorrido, que parecía más corta. Le pareció extraño, pero como se acababa de despertar no le dio más importancia, y lo achacó a su cansancio.


Había dos puertas, ninguna tenía cartel y optó por entrar en la de la izquierda. Estaba oscuro y la luz del exterior no dejaba ver con claridad. Revisaba la pared buscando el interruptor, cuando las luces se encendieron solas. Era una sala alargada en la que sólo se veía una puerta al fondo, ni espejos, ni lavabo. Se apresuró a entrar por ella, pues con el frío de la noche le habían entrado ganas de orinar. Al traspasarla, esta se cerró tras ella. Otro espacio tan desierto como el anterior, que tan sólo contaba con una pequeña ventana, similar a un ojo de buey. Forcejeó con la puerta intentando abrirla y no fue capaz. Empezaba a inquietarse y miró por el ventanuco buscando otra manera de salir. Parecía un conducto de ventilación, pues entraba aire fresco por él, pero no veía la salida. La situación estaba acabando con su paciencia y comenzó a gritar pidiendo auxilio. Pasados veinte minutos sin respuesta, decidió meterse por el tubo e intentar salir por su cuenta.

Ya llevaba largo tiempo reptando por el interior del tubo, cuando se iluminó la estancia. Se sorprendió al ver que este era transparente y dejaba al descubierto un enorme espacio lleno del largos cilindros cristalinos, como si fuera un hormiguero gigante. No entendía donde narices se había metido, pero retroceder era complicado por la estrechez del tubo, que le obligaba a arrastrarse con dificultad. Se volteó como pudo para inspeccionar lo que había recorrido y sólo veía oscuridad, negra y fría. Sintió un tremendo pavor, pues parecía que esa oscuridad se acercaba a ella. Reptaba sin descanso con la esperanza de salir de allí.
Por el cilindro que se encontraba bajo ella, vio pasar a otra persona arrastrándose a toda velocidad y tras ella una negra sombra se deslizaba por el tubo. Volvió la mirada y entonces lo comprendió, esa oscuridad la perseguía y su miedo estaba justificado. Presa del pánico empezó a avanzar más rápido, sus pulmones al borde de la extenuación y su pulso a todo ritmo. No podía ni pensar cuando sintió un frío intenso en los pies y se dio cuenta de que la sombra la había alcanzado, mareada por la tensión los músculos se aflojaron y unas manos le tocaron la cabeza.

El movimiento y la voz familiar hizo que despertara. Abrió los ojos y se incorporó de golpe respirando a toda velocidad y con el corazón latiendo desbocado. Antes de que se diera cuenta sus hermanos se instalaron en el coche y este se puso en marcha. Era un sueño...
Se relajó y cerró de nuevo los ojos apoyando la cabeza en el cristal.

Le extrañó no sentir el movimiento del coche, y al abrir los ojos de nuevo ¡se percató de que el cristal donde apoyaba la cabeza era el del tubo donde estaba prisionera...!




Relato original de Joplin (http://joplin-loquenoentiendo.blogspot.com)

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9 de agosto de 2013

ACONTECIMIENTOS GALÁCTICOS

Las imágenes y textos que se exponen a continuación solo son actos para mayores de 18 años, y avisamos de que pueden herir la sensibilidad de quienes bien por curiosidad o por morbo se decidan a seguir leyendo.


EL QUE AVISA NO ES TRAIDOR.


Soy un gran aficionado a la astronomía, me gusta entretenerme mirando las estrellas, observando sobre la inmensidad de esta pantalla colosal que es nuestro cielo, todo el conjunto de lucecitas, de figuras, de cuerpos que se mueven, o brillan, o que tiñen de luz un rinconcito del espacio. En los turnos de noche, salgo a veces a contemplar el firmamento, a esas horas que ya no hay coches, que todo es paz, sosiego y que es posible disfrutar del silencio.

Hace años me compré un telescopio. En realidad se me ocurrió la idea cuando advertí que una vecina muy 'potente' hacía gimnasia en bragas en el edificio de enfrente. Pero tras ese  halagador descubrimiento inicial, empecé a utilizar el telescopio también para otras cosas: ver partidos de fútbol sin pagar la entrada, comprobar si la guardia civil estaba apostada en las rotondas, y mirar al espacio todos esos momentos en que no hubiera mujeres que espiar por el barrio. De entonces, me queda la afición por el onanismo (pero eso es otra historia) y la costumbre de observar el firmamento en las noches de cielo despejado en que no hay luna.  Puedo pasar un largo rato intentando identificar esas manchitas o esos puntitos que forman las constelaciones, y echo de menos a veces, una tumbona más allá de la marquesina para disfrutar del espectáculo del cosmos.

Es bonito el mapa desplegado de estrellas cuando uno tiene un rato para perderse en contemplaciones mundanas.

Sin embargo a menudo, ese mundo estrellado y precioso se transforma en una pesadilla, como bien podreis apreciar en la siguiente fotografía si fijais el puntero sobre la Osa Mayor.



Es evidente que el destino nos tiene reservadas sorpresas como ya lo cantara Rubén Blades, si bien, tropezarnos con Pedro Navaja, con los pantalones bajados y yéndose de patas, no es de las cosas más agradables que nos pueden pasar, y que además, sabiendo como se las gasta ese tío, nadie sabe lo que podría ocurrir.  Lo cierto es que en nuestro trabajo, día si, y día también,  ese cielo salpicado de estrellas, lo encontramos reflejado en los azulejos y en la taza del váter, y a veces, incrustado, como un cielo rugoso color... pues color mierda, para que vamos a decir lo contrario, mierda de todas las gamas de colores. Una "delicia" como os podeis imaginar.

Tocaré este tema con cuidado, pues pringa, eso es un hecho. Desde que se inició la crisis, la gente caga mucho más, y no solo con cagalera, que sería lo lógico, los hay que cagan piedras como si comieran pienso compuesto, y eso se debe a la mala alimentación que produce la falta de recursos económicos. Pero lo normal es lo anterior, la revolución de las tripas que produce encontrarse con cuatro perras en el banco, y una montaña de facturas en el buzón. ¡Qué triste es la vida cuando la alegre correspondencia comercial ha dejado paso a las cartas de notificación de embargo!

Pues bien, frente a unas heces expelidas sin contención, encontrarse con un zurullo de los buenos, incluso da alegría, uno lo mira con asco si, pero también con cierta envidia, como si reconociéramos nuestra incapacidad para depositar chorizos de ese calibre. Ante el hecho, solemos avisar al compañero, para que se recree la vista ante semejante ejemplar, eso produce risas y alegría, como si se tratase de un suceso divertido. Si no fuera por el olfato, por que otra cosa no, pero cuando alguien planta un pino bien plantado, de los que atrancan el desagüe, deja un olor, que no hay ambientador ni detergente que lo ahogue, más bien al contrario, el aroma se eleva y expande por la tienda como las cenizas de La momia, pero en plan guarro.

De todas formas, esos casos son agradables, entiéndase, que frente a un inodoro salpicado después de un estallido de gases y heces expulsadas en pedorreta, cualquier mierda compacta, es agradable e incluso sorprendente, aunque no llegue al extremo de alegrarnos la mañana. Eso no, pero complace no tener que rascar de las paredes pequeños cráteres marrones concienzudamente pegados.

Después llega el proceso de limpieza, lo que se llama "comerse el marrón" propiamente dicho, esa mezcla de habilidad y prisa para que el "regalito" no se salga del váter cuando tiras de la cisterna. Se trata de una operación de destreza y de nervios muy parecida a la de quien maneja granadas de mano; una falta de decisión, un pequeño error, y zaca, te come la mierda. Por que la mierda, ahí donde la ves, perezosa, como un gran pene flácido puesto a remojo, en cuanto le echas agua se vuelve arisca, se encabrita, y te salta encima como un alien.

Pues bien, volviendo al tema, con la llegada de la crisis se han multiplicado los clientes que vienen a desahogar el intestino a las gasolineras, si si, con toda la cara, en este caso el culo, salen de casa y desde bien temprano, empiezan a entrar en la estación, ponen cara de buenos chicos y preguntan por el baño.

Yo, como ya les tengo calados, les contesto: "baño no tenemos, son aseos". "Pues eso, los aseos" se corrigen ruborizados.
En eso, les sacudo por debajo de la linea de flotación, en pleno hígado, "¿Tu lo que quieres es cagar, verdad?". Esta frase es demoledora, sobre todo cuando hay más gente rondando por la tienda, todo el mundo se les queda mirando -además con asco- como si pensaran que no van a limpiarse el culo después. Desgraciadamente, esta gente tiene las ideas claras, y aunque con cara colorada, parte por la vergüenza, parte por los retortijones, casi siempre aguantan el tipo, y muy tímidos, con la sonrisa de quien sabe muy bien, que en pocos minutos van a cagarse en todo tu trabajo de limpieza, asienten con la cabeza, y corren con alegría a atrancarte el váter.

Nada ni nadie puede quitarles el plan de ahorro doméstico de la cabeza. Se han propuesto recortes en el papel higiénico y el agua de sus casas, y cada vez, son más personas, las que con el culo caliente, llegan a hacer de cuerpo en la estación. Esto, al cabo del año es un derroche en gastos de limpieza, y un alivio para las economías familiares.  Se da el caso de que los fines de semana, algunos vienen con toda la familia, las mujeres a hacer ejercicios de gimnasia pélvica, y los niños y el padre a plantar pinos a costa de nuestro resultado operativo.  Lo cierto es que el ratito que algunos echan en el váter, ha pasado de ser una actividad hogareña a convertirse en un acto público (bueno, eso si lo hacen en los aparcamientos por la noche), quería decir un acto de escrupulosa economía fuera del ámbito familar. Por eso, algunos buscan lugares limpios, apartados e higiénicamente correctos para dejarnos la boñiga diaria, y las gasolineras se han convertido en sus sitios predilectos. Y lo malo es que más tarde o más temprano, se lo cuentan a sus amigos, a sus vecinos, a sus cuñados. Hay mañanas en que llega una furgoneta con media docena de personas, y todas, con la sonrisa de no haber puesto un huevo (todavía) aguardan cola para entrar en el váter a giñar. ¡Joder! a veces hay una mezcolanza de mierda que no sabes si son burruños o un cocido con muchas morcillas.
Hulk haciendo fuerza para aliviar unos garbanzos (Campsared Blog)
Luego existen una serie de leyes concluyentes e inalterables que rigen en el mundillo de las gasolineras y que rodean a este proceso fisiológico tan 'sutil':

1º "Tapa bajada, mierda segura", eso es tan infalible que tendría que constar con mayúsculas en la Ley de Murphy. En la gasolinera, todo el mundo deja la tapa abierta, y sólo, cuando el mojón es sobresaliente, ya sea en tamaño o forma, los hombres bajan la tapa. Y he dicho hombres, por que las mujeres es diferente, jamás bajan la tapa, como si les diese corriente, como si measen ácido sulfúrico y no quisiesen comprometer las yemas de los dedos. Y eso nos lleva a la...

2ª ley: "Una mujer jamás baja la tapa del váter", esa es una rutina que solo rige en casa, y es sobre todo de cumplimiento obligatorio para el hombre. Hay normas, que solo rigen para los hombres, quiero decir que las mujeres están exentas de cumplir, como poder enseñar la ropa interior o el ombligo en una fiesta, o colarse en un servicio del otro sexo, sin que te expulsen por exhibicionista o violador,  permititiéndole a ellas por supuesto ofrecer una explicación al suceso. Pues bueno, en el tema de la tapa del váter, las mujeres muestran una identidad de criterio asombrosa, es un tema sin discusión posible: en las gasolineras la tapa no se toca, solo lo estrictamente necesario para acercar el culo y hacer pipí o popó, en un ejercicio de equilibrio y tensión imposibles, como si practicasen la halterofilia, con las rodillas temblorosas, los muslos tensos, y los gemelos prietos, como los de un esquiador. Supongo que tiene que ser un show. En fin, si fuéramos los hombres los de la tapa sería por dejadez, pero ellas ¡por favor!, la tapa es cosa de hombres, como el coñac.

3ª ley: "Las mujeres tiran los papeles al suelo". Debe ser genético, las mujeres siembran de papelitos el suelo del servicio; que si un cleenex, que si una toallita, que si otras "cositas" peores. Cada vez que hay que hacer los aseos, puedes tener la garantía de que además de los tubitos de Microlax, vas ha encontrarte un universo de papeles, como si la papelera también diera calambre, como si el váter no admitiera papeles contaminados de pipí. ¡Joder!, siempre me pregunto si lo harán en su casa, y claro pienso que a lo mejor también por eso sus maridos van a cagar a la gasolinera. En el váter de los hombres eso no ocurre. Salvo algún petimetre que pone papel higiénico en la tabla para no plantar el culete, no se le vayan a constipar los cataplines, el resto, salvo pellizcos de usos fallidos de papel, nada de nada, salpicaduras por la pared, bah, gotillas casi imperceptibles y más cuando la taza está reventada de mierda, por que otra cosa no será, cuando los hombres cagan, cagan de verdad, como solo saben hacerlo los hombres, y sueltan cada pedazo de mierda que ya quisiera una mujer ni atiborrada de laxantes.


Sin embargo, pese a la leyenda negra que rodea a los hombres,
4ª ley: "Las mujeres mean más fuera que dentro". Pues si, es un tema serio, pero estadísticamente tengo la razón de mi parte, los hombres se mean fuera, si, pero apenas un chisporroteo, unas gotitas sin importancia, en cambio la mujer española que se mea fuera, se mea de verdad, sin complejos, como una campeona. Y no salpica el techo por imposibilidad física, pero hace todo lo posible por alcanzar los logros del varón.

Las mujeres son cuidadosas en sus casas, pero cuando la taza del váter no es la suya, se desquitan como si tuvieran envidia a los hombres que salpican aquí y allá inocentemente mientras se sacuden la minga. Ellas se mean fuera, como si les resultara más fácil que hacerlo dentro de la taza, como si quisieran sobresalir más que los hombres. Qué ellos plantan zurullos del tamaño de una baguette de leña... pues nosotras nos meamos fuera salpicando más que Los Fiordos del parque de atracciones.



Y así transcurren mis días de contemplador de galaxias, arrancando explosiones cósmicas del váter, y restregando estrellas de pis de las paredes. Hay que reconocer que hay verdaderos genios de la boñiga.  A lo largo de los años que he trabajado de expendedor, he visto muchas deposiciones sobrehumanas, y autenticas obras de artesanía mural.
Entre los que cagan como un sifón, a veces surge alguno al que enseguida reconoces como auténtico artista, ése que siembra las paredes de excrementos como si fuera un gotelé, y convierte nuestros retretes en capillas sixtinas de la mierda. Si me quito las gafas y entorno los ojos (y lógicamente me tapo las narices), creo ver un universo de estrellas frente a mis ojos. Como si fuera una cabina omnimax, ante mi vista se extiende una galaxia de motitas resplandecientes, densas y calientes que alcanzan hasta el foco del techo; es cuando algunos, como en el inicio de los tiempos, reproducen ese Big Bang atómico que supuso el principio de la vida, y explosionan sobre la taza como una fuerza de la naturaleza, dando pie al firmamento más hermoso que jamás hayais visto. Y algunos están tan orgullosos que lo firman en las mismas paredes utilizando sus heces y los dedos. Sublime. Supongo que alguna vez habreis podido disfrutar de este espectáculo.

Pedro Navaja: este caga con mala hostia.

PD. Si eres morboso o te va la mierda, puedes visionar el video en 3D de la taza del vater, o descargar una imagen HQ como salvapantallas para el ordenador. Si te interesa


¡¡¡Jodeeer, lo has hecho!!!, ¡¡Has pinchado el enlace de la mierda!!, ¡¡Estás peor de lo que piensas!! ¡Por si te interesa, eso que tienes se llama coprofilia!

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1 de agosto de 2013

AGOSTO 2013, Comentarios

Lo hacían los privados, luego vino Cepsa, y ahora vamos el resto detrás. Todas las estaciones con su carta de recomendación más o menos forzosa, según el E.G. y por supuesto el Técnico de zona. ¿Sacaremos el Wynns, las SP y las loterías a la calle en el futuro?

¿Y las limpiezas? ¿Los pedidos? 
¿Y las mermas de inventario? 
Veremos...

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21 de julio de 2013

FUGATE (2ª parte)

Aproveché un momento de barullo. Me coloqué en la calle 3,  sigiloso, como si fuera una serpiente. Abrí el depósito, no sin evidenciar un cierto nerviosismo ya que siendo novato en estas lides, me recorría las tripas un cosquilleo, que iba del vómito a la cagalera, lo que hizo que se me cayeran las llaves un par de veces hasta que atiné con la cerradura. Contratiempos sin importancia que puliría en el resto de "trabajos", conforme ganara en experiencia.

Hacía calor. En la calle 2, un niño regordete me observaba tras la luna del coche mientras su madre repostaba. Otra que tal, que me miraba como si nunca hubiera visto un barbudo con gorra y chandal fosforito, como si me conociese de algo. ¡Que no señora, que no soy ningún famosete friki de la tele, hijaputa fisgona!. ¡Mire usted el boquerel, o el contador, que le va a rebosar el combustible hostias!

Yo encima -sin duda por los nervios, o acaso la emoción-, tenía dificultades en el repostaje. El gatillo saltaba una y otra vez, y hasta un listillo de la calle 4 se atrevió a sugerir: "¿Quieres que te ayude chaval?". ¡Joder que gente más metomentodo! "No, no, si ya va, ya funciona... gracias", cacho cabrón, cotilla, ponte a mirar los culos de las tías como hacemos el resto y déjame tranquilo, pensé.

Mientras tanto, mal que bien, aquello iba hacia arriba. Veinte, veinticinco, treinta euros...

El chándal,  que como digo, ya era antiguo, me estaba un poco estrecho, y se me metía por el culo, lo que aún me atacaba más los nervios. Tenía que estar sacándome el elástico, como Nadal, cada vez que notaba una molestia o que pasaba la decena el contador de litros.  Era un picor nervioso. Un grupo de mujeres en un Mini amarillo se apostó detrás, y de reojo las observaba echarse unas risillas a mi costa.

Por fin escuché el clic, 47 €, apuré lo que pude, clic, clic, hasta que rebosó la gasolina por la boca, ¡cojones!, ¡Menudo charco!. Colgué deprisa la manguera, di una zancada y ¡cataplún! al suelo; con las prisas pisé la mancha de grasa y aquellas zapatillas Poma resbalaron desollándome la rodilla contra el cemento. ¡La puta, qué dolor!. El grupo de mujeres se desternillaban las muy perras, y el niño gordo daba palmas con las orejas, menudo cabroncete, no reventara por el colesterol, no.

Joder, ahora estaba medio cojo, con la rodilla descarnada, apestando a gasolina, y toda la pista me miraba como si fuera el puto Justin Beaber. ¿Qué hacer?, tragué saliva. Era ahora o nunca.

Arrastrándome como pude  llegué al extremo del volante. Mi pulso estaba dislocado como si viera aproximarse unas abejas asesinas o me estuviera persiguiendo con un hacha el asesino de Viernes 13 ¡Venga, ahora!

Me introduje en el coche y arranqué como si llevara en mis manos un Formula 1, ¡Brrrmmm!, de 0 a 100 en tres segundos. Las ruedas rechinaron sobre la pista levantando una humareda negra, y un penetrante olor a goma chamuscada que dejó obnubilados a toda aquella panda de pazguatos. ¡Qué pasa mamarrachos! ¿Qué pensabais que no me iba a atrever?.  ¡Ja!, pensé mientras los observaba por el retrovisor, ¡chúpate esa!
Profesional de las fugas en pleno extasis (Campsared Blog)
Pero el destino es caprichoso. Veinte metros después se atravesó una moto y fui a empotrarme contra el tunel de lavado. ¡Sus muertos!. Aquello fue un desastre; el coche siniestro, la nariz rota, la rodilla quebrada, la sangre manándome como si fuera un cochino en San Martín, y a todo esto, yo dando explicaciones al expendedor, que amablemente, y con una sonrisa -faltaría más-, me solicitaba que apoquinara el combustible. "No me he dado cuenta", "menuda distracción", "lo siento mucho". Si, si, asentía con la cabeza, "Son cuarenta y ocho con sesenta, y déjeme los papeles del coche".

En definitiva, perdí el vehículo, el dinero, los cabritos de la BP me denunciaron, tuve que pagar la factura del lavado, trescientos euracos por intento de fuga, y encima, el día del juicio, allí estuvieron aquel selecto grupo de hijos de puta haciendo de testigos; el niño gordo y la pinche de su madre, el chuloputas de la calle 4, y las cuatro cabronas del coche de detrás que se meaban de risa escuchando mi relato.

Mientras dictaban la sentencia, repasaba en mis pensamientos cual había sido el fallo de aquel perfecto y escrupuloso plan, ¿Los pantalones de chandal fosforito?, ¿Las zapatillas que no eran Puma sino Poma?, ¿Las prisas?, ¿El cenizo del niño gordo?

Ultimamente las cosas no van bien. No he podido arreglar el coche, ahora voy en bicicleta al trabajo. También me he acostumbrado a ver la tele como si todos fueran hijos pequeños de famosos, con la cabeza pixelada, y además mis vecinos se han enterado y no quieren hablar conmigo, ni cruzarse siquiera en el portal. Las mujeres se recogen la falda y corren con los críos cuando me ven andando por la calle, como si fuera a cepillármelos a todos,  como si estuvieran ante el asesino del gancho, me miran y murmuran: "Se lo que hiciste el último verano". Mi mujer desde entonces lleva una máscara de anonymous cuando sale al supermercado, y a mis niños los llaman en el cole "los hijos del Lute". En el bar me piden el dinero por delante, y hasta un canalla me ha borrado el nombre del buzón y ha puesto encima: "Aquí vive el primo de Bárcenas"

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Antes de leer este relato deberías dirigirte a FÚGATE (1ª Parte) y leer el principio de esta historia.







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