COMPAÑEROS DE CAMPSARED



"Podeis decir lo que pensais de vuestros encargados, de los objetivos, de la venta activa, de los cursos, de Sumando valores, seguridad, promotores del cambio, sindicatos, y todo lo que querais. Hubo en tiempos un blog de un compañero en donde mucha gente dejó sus comentarios, hoy no existe y como alternativa nace CAMPSARED BLOG, para reunir a todos los que somos COMPAÑEROS DE CAMPSARED"



Este blog, como indica en la cabecera, originariamente fue creado por un compañero llamado EXPENDEDOR-VENDEDOR el 20 de noviembre de 2008 pero problemas técnicos le impidieron actualizarlo, lo que dio pie a la creación de esta segunda etapa renovada que es la que se abre a continuación.
Como aquel, mantiene la idea de tener una plataforma de comunicación, de reivindicación y sobre todo un medio de expresión para todos los trabajadores de CAMPSARED y de REPSOL, y a la que quedan invitados cualquiera de los trabajadores de EESS sean cuales sean sus marcas.



Bienvenidos todos a este foro de diálogo e información.



Recordar que si visitais esta página por primera vez, para conocer el contenido completo de este blog desde su nacimiento, deberíais comenzar por el antiguo blog pinchando en este enlace:

'www.campsaredsprint.blogspot.com'





21 de julio de 2013

FUGATE (2ª parte)

Aproveché un momento de barullo. Me coloqué en la calle 3,  sigiloso, como si fuera una serpiente. Abrí el depósito, no sin evidenciar un cierto nerviosismo ya que siendo novato en estas lides, me recorría las tripas un cosquilleo, que iba del vómito a la cagalera, lo que hizo que se me cayeran las llaves un par de veces hasta que atiné con la cerradura. Contratiempos sin importancia que puliría en el resto de "trabajos", conforme ganara en experiencia.

Hacía calor. En la calle 2, un niño regordete me observaba tras la luna del coche mientras su madre repostaba. Otra que tal, que me miraba como si nunca hubiera visto un barbudo con gorra y chandal fosforito, como si me conociese de algo. ¡Que no señora, que no soy ningún famosete friki de la tele, hijaputa fisgona!. ¡Mire usted el boquerel, o el contador, que le va a rebosar el combustible hostias!

Yo encima -sin duda por los nervios, o acaso la emoción-, tenía dificultades en el repostaje. El gatillo saltaba una y otra vez, y hasta un listillo de la calle 4 se atrevió a sugerir: "¿Quieres que te ayude chaval?". ¡Joder que gente más metomentodo! "No, no, si ya va, ya funciona... gracias", cacho cabrón, cotilla, ponte a mirar los culos de las tías como hacemos el resto y déjame tranquilo, pensé.

Mientras tanto, mal que bien, aquello iba hacia arriba. Veinte, veinticinco, treinta euros...

El chándal,  que como digo, ya era antiguo, me estaba un poco estrecho, y se me metía por el culo, lo que aún me atacaba más los nervios. Tenía que estar sacándome el elástico, como Nadal, cada vez que notaba una molestia o que pasaba la decena el contador de litros.  Era un picor nervioso. Un grupo de mujeres en un Mini amarillo se apostó detrás, y de reojo las observaba echarse unas risillas a mi costa.

Por fin escuché el clic, 47 €, apuré lo que pude, clic, clic, hasta que rebosó la gasolina por la boca, ¡cojones!, ¡Menudo charco!. Colgué deprisa la manguera, di una zancada y ¡cataplún! al suelo; con las prisas pisé la mancha de grasa y aquellas zapatillas Poma resbalaron desollándome la rodilla contra el cemento. ¡La puta, qué dolor!. El grupo de mujeres se desternillaban las muy perras, y el niño gordo daba palmas con las orejas, menudo cabroncete, no reventara por el colesterol, no.

Joder, ahora estaba medio cojo, con la rodilla descarnada, apestando a gasolina, y toda la pista me miraba como si fuera el puto Justin Beaber. ¿Qué hacer?, tragué saliva. Era ahora o nunca.

Arrastrándome como pude  llegué al extremo del volante. Mi pulso estaba dislocado como si viera aproximarse unas abejas asesinas o me estuviera persiguiendo con un hacha el asesino de Viernes 13 ¡Venga, ahora!

Me introduje en el coche y arranqué como si llevara en mis manos un Formula 1, ¡Brrrmmm!, de 0 a 100 en tres segundos. Las ruedas rechinaron sobre la pista levantando una humareda negra, y un penetrante olor a goma chamuscada que dejó obnubilados a toda aquella panda de pazguatos. ¡Qué pasa mamarrachos! ¿Qué pensabais que no me iba a atrever?.  ¡Ja!, pensé mientras los observaba por el retrovisor, ¡chúpate esa!
Profesional de las fugas en pleno extasis (Campsared Blog)
Pero el destino es caprichoso. Veinte metros después se atravesó una moto y fui a empotrarme contra el tunel de lavado. ¡Sus muertos!. Aquello fue un desastre; el coche siniestro, la nariz rota, la rodilla quebrada, la sangre manándome como si fuera un cochino en San Martín, y a todo esto, yo dando explicaciones al expendedor, que amablemente, y con una sonrisa -faltaría más-, me solicitaba que apoquinara el combustible. "No me he dado cuenta", "menuda distracción", "lo siento mucho". Si, si, asentía con la cabeza, "Son cuarenta y ocho con sesenta, y déjeme los papeles del coche".

En definitiva, perdí el vehículo, el dinero, los cabritos de la BP me denunciaron, tuve que pagar la factura del lavado, trescientos euracos por intento de fuga, y encima, el día del juicio, allí estuvieron aquel selecto grupo de hijos de puta haciendo de testigos; el niño gordo y la pinche de su madre, el chuloputas de la calle 4, y las cuatro cabronas del coche de detrás que se meaban de risa escuchando mi relato.

Mientras dictaban la sentencia, repasaba en mis pensamientos cual había sido el fallo de aquel perfecto y escrupuloso plan, ¿Los pantalones de chandal fosforito?, ¿Las zapatillas que no eran Puma sino Poma?, ¿Las prisas?, ¿El cenizo del niño gordo?

Ultimamente las cosas no van bien. No he podido arreglar el coche, ahora voy en bicicleta al trabajo. También me he acostumbrado a ver la tele como si todos fueran hijos pequeños de famosos, con la cabeza pixelada, y además mis vecinos se han enterado y no quieren hablar conmigo, ni cruzarse siquiera en el portal. Las mujeres se recogen la falda y corren con los críos cuando me ven andando por la calle, como si fuera a cepillármelos a todos,  como si estuvieran ante el asesino del gancho, me miran y murmuran: "Se lo que hiciste el último verano". Mi mujer desde entonces lleva una máscara de anonymous cuando sale al supermercado, y a mis niños los llaman en el cole "los hijos del Lute". En el bar me piden el dinero por delante, y hasta un canalla me ha borrado el nombre del buzón y ha puesto encima: "Aquí vive el primo de Bárcenas"

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Antes de leer este relato deberías dirigirte a FÚGATE (1ª Parte) y leer el principio de esta historia.







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9 de julio de 2013

FUGATE (1ª parte)

Últimamente, con la crisis y el desplome de nuestros incentivos, rondaba en mi cabeza el cometer un acto delirante. Tantas horas frente a la cristalera, dándome el sol y los reflejos de los coches, tantos turnos contemplando lo mismo, se había engendrado en mi, una vena insolente que me impulsaba a cometer una locura. Indudablemente se trataba de una operación peligrosa,  había que preparar un plan muy concienzudo, proyectarlo sobre un papel trazando cada paso milimétricamente, sin dejar cabos sueltos o elementos que pendiesen de la fortuna. Este tipo de fechorías, no se pueden emprender a la ligera, para que luego te trinquen en cualquier rotonda por que llevabas un intermitente fundido, o una rueda sin tapacubo. Tenía que ser planeado hasta en sus últimos detalles, como si se tratara del secuestro de un avión, o de una operación a corazón abierto. Punto por punto. Así lo hice.

Lo primero era eludir remordimientos, olvidarme del corporativismo, si empezaba con ñoñerías aquel ambicioso proyecto estaba abocado al fracaso. Así que, lo primero fue pensar: "a tomar por culo", hoy por ti, mañana por mi, eran los gajes del oficio.

En los últimos meses las cosas no marchaban muy bien, el alza de los precios, la luz, el agua, la contribución, ¡los carburantes!...  El teléfono ya no cuadraba con la oferta que me ofrecieron, pronto tendría que renovar el coche -que ya no es de este siglo-, y además, los cabrones de los niños habían chafado de un pelotazo la pantalla de plasma, y aparecía una mancha negra, justo a la altura de los ojos, dando la sensación de que todos los que salían en ella, fueran testigos protegidos.
En fin, el caso es que, por unas o por otras, la economía doméstica me estaba pidiendo una ayudita, y decidí que aquella era la solución a mis problemas. Que mejor que una fuga de vez en cuando para cuadrar las cuentas de la casa: Los repostajes gratis. Decidido.

Había probado el amargor de dicha 'medicina' muchas veces. Durante todos estos años, mis compañeros y yo mismo, habíamos padecido como, coches de todo tipo, motocicletas, y hasta ¡un camión! se me fugó una vez, nos demostraban que aquel delito estaba al alcance de cualquier conductor, era la práctica perfecta -junto con el sexo- para alegrarme la semana, y por qué no decirlo, darle un corte de mangas a la vida.

En primer lugar, se trataba de escoger una gasolinera que me ofreciese unas mínimas garantías de fuga. Pensé que hacerlo en la mía -aunque la conocía muy bien-, no era elegante, y además se trataba de hacerle una putada a un compañero. Demasiado mezquino, tuve que desdeñar la idea. Tampoco era de recibo fugarme de una gasolinera de Repsol, ¡menuda cabronada!, era arrojar piedras sobre mi propia compañía, restar ganancias a los accionistas, colaborar en la ruina de la empresa, no, no podía ser, tendría que optar por una de la competencia, alguna donde los empleados fueran chulos, las expendedoras unos callos, o que las baldas no fueran de mi gusto, tuvieran mugre o telarañas, para que escarmentasen.

Hice una lista con las posibles candidatas. Pensé que hacerlo en Cepsa, no era muy profesional, al tratarse de una compañía española, además me gustaba como decoraban sus tiendas, y los expendedores eran simpáticos, buenos chavales, no les podía hacer una faena así. Seguí con el repaso de estaciones, descarté las que no me ofrecieran la posibilidad de escabullirme de un buen acelerón, las atendidas, y aquellas con varios empleados, especialmente una privada, de Petronor, cuyos expendedores parecían aizkolaris o porteros de discoteca, y no era cosa de jugarse el pellejo.

No obstante tenía aprendida la lección, caso de llegaran a pararme lo importante era decir que "no me había dado cuenta", "menuda distracción", "lo siento mucho". Aquello no fallaba, me lo habían repetido mil veces. Con un tapón puesto en el culo tenía que sonreír escuchando la sarta de explicaciones y mentiras que tenían preparadas mientras sacaban la cartera, y yo, sin poderme cagar en ellos.

Volviendo al tema. Escogí para mi proposito una estación de cierta enjundia, con horas punta que llenaban sus calles, buenos escapes hacia el centro (de la ciudad), y que pudiera recordar algún detalle malo, no sé, algún saludo con desgana, gente sin afeitar, o que no me hubieran permitido echarme yo mismo el combustible, algo que me daba bastante rabia. Estaba decidido, aquella BP, era mi objetivo, solo había que establecer el día D, y la hora H.


Era viernes por la tarde, hora de salida de los trabajos. Llevaba unos minutos detenido junto a la zona de aire/agua simulando que miraba la presión a las ruedas, esperando el momento más idóneo. Me temblaban las manos, sobre el volante agitaba los dedos como si fuera un pistolero, como Sebastian Vettel antes de producirse el arranque de un Gran Premio, estaba más nervioso que un gato, en cierta forma, me sentía como "El Vaquilla", antes de dar un golpe en una sucursal de correos. Pura adrenalina. Había cuidado hasta el más mínimo detalle: gafas negras, chupa de cuero, pantalón de chándal fosforito de hace una década, y una gorra del barsa con la visera hacia atrás, para llevar a la confusión más absoluta. Había cambiado mi atuendo en un polígono cercano, disimulado la matrícula con un rotulador de portaprecios, tuneado el coche con unas pegatinas de AC/DC, y lo mejor de todo, me había adherido al rostro un bigotazo y una barba postizos de los niños, que guardaban desde los carnavales como parte del disfraz de demonio. Me sentía el puto amo -con retortijones eso si-, pero una 'máquina de matar', Tom Cruise al volante. Había llegado el momento del gran golpe.

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1 de julio de 2013

REUNIONES SON AMORES

Por Vendedor Activo
Toca reunión. De empresa, o de pastores cuando hay oveja muerta. Es dentro de un par de días. Y claro, justo para entonces (Ley de Murphy como siempre) yo ya tenía planeado el inventario, o una reunión de seguridad con los chicos, en la que aprovecharíamos para limar ciertos detalles del día a día,  aclarar dudas y proponer remedios a algunos problemas. Pero no, ese día tocaba reunión. Un compañero me sugiere que mire informes de ventas para quedar muy bien delante de los superiores, "para que vean que estas al loro del tema" me dice. Había que ir preparado.

Me puse ropa interior cara, por si me miraban debajo de los pantalones, y me dejé un bigotito que me daba cierto aire a Franco Nero, para que cuando me preguntaran por qué habíamos vendido tan poco -que es como preguntar por qué este año los pimientos de Padrón pican y otros años no-, yo soltara esa sonrisita pícara de galán desenvuelto a mi jefa (le gusto, si no no me dedicaría tanto tiempo en las dichosas reuniones), y aquí paz y después gloria. Dos horas para decirnos lo mal que lo hacemos, que vaya desastre, "y que estáis muy guapos, sobre todo tú, el del bigote, pero que no tenéis ni pajolera idea de llevar una estación de servicio. Así que estoy en mi perfecto derecho de abroncaros hasta que me beséis los pies", y el que no quiera que se vaya, que hay 5 millones de personas esperando nuestro puesto, el de "besadores de pies" me refiero.

Supongo que es una buena manera de dar moral a los empleados. Darles un motivo para pedir la cuenta o cambio de funcionalidad, porque según el razonamiento de mi jefa, hay bastante gente que se merece estar aquí antes que yo, así que lo más lógico, y por el bien de la empresa, será que alguien más capacitado ocupe mi puesto... Uy, claro qué cuesta mucho tiempo y dinero enseñar a hacer lo que yo ya aprendí a base de cabezazos contra la pared, tropiezos y llantos... ya, ya. Osea, que quieren empleados obedientes, que trabajen gratis y que además, ya vengan con todo aprendidito. Nos ha jodido mayo con no llover. También hay unas cuantas empresas (pocas, pero las hay) que valoran otros factores aparte de la mano de obra a la hora de buscar fallos de productividad y eficiencia. Y alguna de ellas, a lo mejor precisa de mis servicios sin necesidad de tener que arrastrarme cual cocodrilo en pantano de Florida.


Por eso, como todo va de mal en peor, y que con el tiempo tendremos que pagar por ir a trabajar, no al revés, montamos estas reuniones por todo lo alto, con comilonas en restaurantes, gastos en viajes al lugar de la reunión, etc, etc, tirando la casa por la ventana ¿Quién me lo explica?.  Nos cuentan que van tan mal las cosas. que casi me dan ganas de ir a pedir dinero al Metro, guitarra en la mano, para conseguir un bocata y ahorrarle el gasto a la empresa.

Ah, ¿Qué existe algo llamado ciber-conferencias que realizan otras empresas para ahorrar?. Nosotros tenemos más estilo, nos queremos mucho y no creemos en esas brujerías. Además es más efectivo ridiculizar a la gente frente a todo el mundo, salpicarlos de sangre al destripar los errores de cualquiera. Nos sentimos mejores cuando quedamos por encima de los demás, aunque eso signifique poner al resto a la altura del Titanic (Y con los huevecillos por corbata). ¿Será que además de presencia física, mis superiores disfrutan con el aroma a perfume barato que desprendo?  Puede ser. De todos modos, a la próxima reunión asistiré con pajarita de colorines, pantalones pirata y sombrero de paja. Al menos el ambiente será un pelín más distendido que en la última.
¿Musulmanes?, No, encargados de reunión. (Campsared Blog)
Un artículo de Vendedor Activo para CAMPSARED BLOG - Adaptado por Anksunamun 

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JULIO 2013, comentarios


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