Es cierto que hace tiempo, que se ha suavizado el ambiente, ya no silba la guadaña cada final de mes, tampoco nos acucian con tremebundos rankings que te muestran que estás en zona roja, como un maqui, y que te pueden volar los sesos como te pares a fumar un pitillo y dejes de vender. Corren vientos tranquilos, de esos que invitan a respirar serenamente, como si estuviéramos a salvo.

Yo personalmente no me fió, eso de convivir apaciblemente con los lagartos de "V" me produce cierta inquietud. En fin, las circunstancias de cada uno dictarán, como suele decirse, tal como le ha ido el cuento a cada cual, así lo contará.
A estas alturas, media España habrá acudido ya a este evento llamado Sumando Valores. Parece que han cambiado los vientos y se anuncian reuniones de confraternidad en vez de controversia.
El caso es que hace unos días acudí a la temida reunión, no por inesperada, sino por que conozco que las cuentas de la empresa se han emborronado de tal manera que ya no admiten correcciones. Los últimos cuatro años hemos ido de culo cuesta abajo, como todos, pero como se trata de nuestra empresa, da canguelo, por si enchufan la batidora o la sierra mecánica y se ponen a majar o a hacer podas imitando al gobierno.
Me citaron por la tarde, sin comer, y en un sitio recóndito que me costó encontrar, como si el destino tratara de cambiarme la ruta ¿Por qué demonios no nos emplazaron en un lugar más fácil de localizar?. Eso sirvió para despertarme los nervios, que en definitiva estaban deseando asomar. Encima, el gps dio señales de agotamiento antes de llegar a mi destino, y tuve que recurrir a los paisanos para que me indicaran donde estaba el cubil de Repsol; en un rincón sin calle, con una puerta que simulaba un bunker o un hospital psiquiátrico donde acudía, bajo una situación de estrés, para que me lavaran el cerebro... Demasiada novela escandinava, si.
Siempre que acudo a estas reuniones, lo hago bajo presión, como quienes están en libertad condicional y tienen que acudir cada semana a dar fe de que no se han escapado a Brasil. Yo no me había escapado, a punto estuve después de dar vueltas y vueltas para encontrar aparcamiento, pero al fin allí estaba, andando por pasillos singulares que simulaban el universo de Nikita.
Llegué antes de tiempo esperando que hubiera canapés, algún mínimo tentempié, pero nada, los malos tiempos han suprimido hasta las magdalenas en el espacio del café. Así, con el estómago rugiente, poco a poco fueron llegando los demás, en silencio, mirándonos los unos a los otros, como si acudiéramos a un casting y fuéramos rivales -¿Tu eres...? -Si, yo soy.
Después de presentarnos como en las reuniones de alcohólicos anónimos asumiendo nuestra condición de empleadillos, empezó la reunión. Apareció el Delegado Regional, sin tambores de anuncio, ni fanfarrias; de no haber sido por que lucía corbata hubiésemos pensado que se trataba de un pardillo más como nosotros que había sido citado para leerle la cartilla.
Cuando llegó se presentó tranquilamente, con llaneza, soy fulano de tal y vamos a pasar un rato juntos. Y así fue, sin embargo algo había cambiado, desde un principio se notó que estaban puestos en nuevas técnicas de motivación, y lo primero fomentar la cohesión. El Delegado trató de hacernos ver que no habría fusilamientos sumarísimos por discrepar u opinar libremente. Para eso estábamos allí, para vernos las caras sin quedarnos con ellas (aunque una de las primeras fotos me retrató la jeta y recordé los tiempos de las purgas).
El "Jefe" sorprendió por su campechanía. Y en fin, tras presentarnos vimos el primer vídeo de autobombo, el fabuloso mundo de Repsol con música de Parque Jurásico (John Williams).
Conversamos sobre el sentido de pertenencia a Repsol; un buen tema para empezar. Allí surgieron las primeras dudas, ¿Somos Repsol de 'pata negra' pese a vivir en los suburbios?. El run run hizo notar que hay discrepancias, y hubo opiniones para todos los gustos. Buena parte de la reunión se nos fue en un que sí, que no, como si discutiéramos la legalidad de un gol. El Delegado nos hizo ver que somos tan de Repsol como los monolitos, que aunque nos paguen menos y nos tengan algo desamparados, siempre piensan en nosotros cuando se acuestan o se ponen a echar cuentas. Cuentas que por cierto no van nada boyantes, la linea que reflejan de los últimos años, tiene el mismo ángulo que la quilla del Titanic antes de hundirse, están prácticamente en caída libre, como un parapente averiado, no me extraña que pasáramos por encima de este tema para no aguarnos la jornada con cifras color rojo.
A continuación, vídeo del presidente Apoita reiterando con insistencia que "debemos ser excelentes (sic)", excelentes por esto, por aquello y por lo de más allá. Por un momento pensaba que estaba hablando de Cristiano o de Messi frente al resto de jugadores de la liga.
Cuando terminó hubo un silencio cómplice, casi todos nos miramos escépticos, aunque me pareció escuchar a alguno convencido del todo tarareando por lo bajo: "Soy un muchacho excelente, soy un muchacho excelente..."; seguramente algún encargado lameculos.

Hizo hincapié en algo de que no teníamos muy claro: Nosotros somos gasolineros, y como otros venden pescado, nuestro negocio es vender litros, y si de paso cae algo más, mejor. No nos convenció mucho, algunos pensábamos que el combustible se vende solo, por calidad, por prestigio, y que lo que hay que currarse es la venta de chuches y otros productos con colesterol. Pues no, como si fuera un fuego de campamento, nos agrupó y nos contó historias de miedo; todo rezumaba a técnicas de motivación americanas. En alguna de esas reuniones se grita, en otras se salta o se corre a la pata coja, y en esta se iba de enrollaos. Solo faltó sacarnos los zapatos y fumarnos unos canutos en prueba de camaradería.

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